Actualidad de Dení Prieto Stock y el simplismo militante

Hace unos meses, en Colectivo Ratio, se nos encomendó la tarea de diseñar y desarrollar un nuevo proyecto de formación para jóvenes que recientemente manifestaban su voluntad de formar parte de nuestra organización. Como muchos, siempre hemos pensado que los textos básicos de Marx-Engels y Lenin constituyen el soporte primordial de toda formación crítica que debe estar encaminada a la comprensión de los problemas coyunturales precisos de nuestro marco histórico. Pero, en alguna de las sesiones, alguien formuló una curiosa pregunta que, podría decirse, rompió un tanto con la rigidez que suele caracterizar a estos espacios: “¿Existe en la izquierda mexicana alguna figura célebre y joven que fuera ejemplo para las nuevas generaciones militantes?”. El cariz de esta inquietud daba a entender que se pedía el nombre de alguna figura comparable con los youtubers contemporáneos que hacen comedias sobre la vida cotidiana, viajan por diversos países o vierten aquellas opiniones que coagulan los prejuicios conservadores y más reaccionarios sobre temas políticos. En realidad, se nos planteaba la necesidad de hacer visible algún ethos que se pudiera ver y sentir, porque no se puede comprender algo de verdad sin sentir ni ser apasionado. No cabe duda de que esta inquietud es muy importante, sobre todo si tomamos en cuenta que el neoliberalismo es, entre otras cosas, un crisis espiritual, moral e intelectual. Lo cierto es que, por diversas razones, no pudimos completar en ese momento alguna respuesta colectiva a esa inquietud. Pero intentaremos aportar ahora algún punto para ese ejercicio de memoria y reflexión.

Dení Prieto Stock nació en Nepantla, al sur del Edomex en septiembre de 1955. Fue hija de una actriz y de un dramaturgo. En general, en su niñez y su corta adolescencia mantuvo buenas relaciones con los padres y con su hermana. Se sabe que le gustaban los perros y los cuentos de Edgar Allan Poe. De hecho, en su casa siempre habían muchos libros, interesantes conversaciones y buena música (desde los Doors hasta Atahualpa Yupanqui). Eso sí, sabía leer y escribir en inglés, y por eso conocía de literatura inglesa (posteriormente esta habilidad le serviría para traducir manuales de guerrilla urbana). No podemos decir que la familia era conservadora, sino liberales de izquierda, por decir algo. Estudió en el famoso Colegio Madrid al sur de la Ciudad de México; de hecho alguno de sus compañeros era el hijo del infame Luis Echeverría, a quien Dení encararía posteriormente con impresionante firmeza: “tu papá es un asesino”. Pero si tuviéramos que hablar de la formación histórica de su pensamiento, tendríamos que remitirnos a cuatro acontecimientos: 1) el marco general de la revolución cubana, y especialmente la figura de Tania la guerrillera; 2) su participación en 1968 (tenía aquí 13 años); 3) el halconazo de 19711; 4) la derrota de Allende en 1973. Si algo signa esta coyuntura es que abre un periodo de autoritarismo exacerbado que desde una temprana edad Dení pudo identificar.

Pero ¿por qué tanto autoritarismo?

Es sabido que después de la Segunda Guerra mundial, entre 1942 y 1962, el volumen de la producción latinoamericana aumentó, incitado por la demanda externa, en un 80% con un ritmo de promedio anual del 2.6%.2 En relación al agro, aunque no se trata de un salto en el desarrollo cualitativo de las fuerzas productivas, el crecimiento extensivo permitió recuperar algo de los niveles de vida anteriores a la crisis de 1929. Por otra parte, incluso podríamos hablar de un relativo aceleramiento de la industrialización latinoamericana. En lo fundamental se trata de un mejoramiento coyuntural en términos de intercambio internacional que permite una mejora muy relativa sobre la cuestión salarial y el empleo. Pero es a partir de 1955 cuando el declive comienza, y hasta 1966 cuando se estanca. El propio Prebisch admite que el valor percápita de las exportaciones había sido más elevado en 1929 que en 1960. Como contraparte de esta crisis, el número de subsidiarias imperiales dedicadas a la manufactura aumenta rápidamente desde 1945 hasta los 60. El capital imperial invertido en la industria latinoamericana llega a 2741 millones en 1965,3 con lo que se consolida un nuevo pilar de la dependencia y de los avatares del mercado internacional. El otro pilar lo constituye el dominio del sector financiero, en cuanto que la presencia de la banca estadounidense se encuentra ya en 22 países en 1967.4 De esta manera, la escasez de capitales producida por el deterioro del intercambio internacional, obertura el incremento de las inversiones y prestamos norteamericanos. Así, con la desnacionalización de la economía y el drenaje del excedente, el nuevo autoritarismo (viejo para nosotros) se hacía necesario por tres razones: 1) a la burguesía local no lo quedaba más que transferirle a las clases populares los efectos del deterioro; 2) el Estado necesitaba asegurar un ambiente social seguro para las ganancias de los capitales internacionales; 3) se requería una estrategia de represión ilimitada contra los sectores organizados inspirados en el ideario de la reciente revolución cubana (incluyendo a los estudiantes).

Definiciones simples

Seguramente se argumentará que a su edad Dení no comprendía con profundidad la lógica específica de este autoritarismo. Aunque no llegó a desarrollar una formación teórica acabada, llama la atención un curioso carácter ético-político blindado por una seguridad que no se fundaba en el confort teórico. Citamos extensamente un fragmento de su Diario:

Estoy feliz. Tengo una cama donde dormir, comida si la deseo, un perro, discos, libros y bastantes árboles y pasto y flores. Además, gente agradable con la cual puedo hablar si deseo. Estoy muy triste, he pensado en todas las personas que no tienen lo que yo tengo. En todas las personas que han muerto, mueren y morirán por que todos tengan lo que yo tengo. La gente tiene hambre, frío y todo lo demás. Me preguntan: ¿Qué es ser comunista?, la contestación para mi es: Desear realmente que todo el mundo tenga comida, casa, libros, y además, ser capaz de morir para esto. Soy simplista, lo sé. Hugo me discute que no sabe qué tanto grito si ni he leído El Capital, ni otras numerosas obras de Marx, Engels y todos esos cuates. Con qué derecho quiero derecho de igualdad si no tengo 20 años de experiencia como militante. Cosas como esas. Qué imbéciles. Pienso algo de todo corazón y es una convicción que está hasta el fondo de mí y no necesito leer para saber que todo el mundo tiene derecho a comer. Claro está que si quiero hacer algo, tengo que estudiar. Ver los fracasos de otros para no caer en el mismo error y ver los triunfos y aprender. Tengo que leer historia para entender realmente cómo van las cosas y tengo que leer historia de México para entender.

Se dirá que las palabras de Dení son las de cualquier adolescente clasemediera ilustrada que aún no conocía las limitaciones y los “errores” de aquella izquierda en la que se inspiraba y estaba “de moda”. Es verdad que muchas veces las clases medias constituyen grupos indeterminados que proporcionan algunas individualidades debido a su proximidad con las herramientas ideológicas. El campesinado puede moverse como multitud, el proletariado como clase, y las capas medias como individuos con destinos inciertos, errantes, tortuosos o lúcidos. En los países empobrecidos las clases medias no son ni muy cultas ni muy ricas, y en su desgracia hacen cómoda la implantación de ciertas mitologías o tendencias a las ideas abstractas ya que no tienen coordenadas de referencia histórica que las orienten en el vagabundeo ideológico. Y así, por su misma ambivalencia, como dice Zavaleta, “suelen tener muchas explicaciones para cada hecho, y explicándolo y explicándolo van perdiendo el sentido de la realidad, de los datos gruesos”.5 Pero este no es el caso de Dení. De hecho, en su Diario encontramos una constante autocrítica de lo que consideraba sus recaídas pequeño-burguesas. Nunca perdió el sentido de “los datos gruesos”. Es más, su militancia y su claridad se basaban en ellos. Cuando dice “Soy simplista, lo sé”, habría que entender que los datos gruesos son, en realidad, los que son simplistas: la represión es la represión, la brecha entre ricos y pobres es clarísima y la actualidad de la lucha de clases es innegable. Estos son los datos gruesos a los que muchas veces el neoliberalismo nos hace insensibles. Tal vez Dení veía lo mismo que nosotros, pero a diferencia de muchos, podía sentir esos datos gruesos, entenderos con otro forma de inteligencia que el neoliberalismo se esfuerza tanto en marchitar: la inteligencia sensible-comunitaria. Para Dení, no se requiere saberlo todo para militar. He aquí la gran lección para los jóvenes que el día de hoy pudieran sentirse inseguros para entrar en la militancia de izquierda. “Saberlo todo” podría ser un indicio de que hemos perdido la brújula de los datos gruesos. En esta carta su comprensión de la realidad llega a la unidad praxiológica cuando dice que ser comunista es ser “capaz de morir por eso”. En su militancia, la ley de los datos gruesos significa en la práctica efectiva ofrendar la vida a la colectividad militante en cuanto sentido ético-cósmico del curso de la existencia histórico-humana. Y como bien remata, esto no significa que el estudio de estas obras pueda ser remplazado.

María Luisa

Creo que así puede entenderse su decisión por entrar en las Fuerzas de Liberación Nacional (antecedente importantísimo del EZLN) cuando apenas cumplía 18 años. Dení era delgada, chaparrita y casi ni podía ver sin sus enormes lentes; pero entendió bien que la represión no es un accidente o un error. Tomó una decisión radicalísma para su edad (y no lo digo sólo porque se convirtió en guerrillera) al renunciar a sus privilegios por una idea más simple: luchar por la gente que “tiene hambre, frío y todo lo demás”. “Qué simple”—se dirá. Pero bajo esa “simpleza” pasó a la clandestinidad, adoptó el seudónimo de María Luisa y fue comisionada en un cuartel del FLN, Casa grande, en Nepantla donde apenas comenzaría su entrenamiento militar. Mucho se ha hablado del “Estado benefactor en México”, pero habría que entender bien que donde existen clases, existe lucha de clases, y donde existe luchas de clases, existe la necesidad del Estado autoritario. Así, ensayando la guerra sucia, el 14 de febrero 1974 el Ejército mexicano allanó el cuartel con armas de alto calibre y bombas. El Ejército disparó sin preguntar, y debido a la rápida emboscada Dení perdió sus lentes. No fue enjuiciada, sino ejecutada ahí mismo. Le dieron 9 tiros y la enterraron en una fosa común. Todo ello sucedió cuando Dení tenía 19 años. Siempre va a tener 19 años.

Nunca entró al combate directo y nunca le hizo daño a nadie. Bastaron sus simples intenciones para que esa noche fuera asesinada junto con sus otros compañeros. Me atrevería a decir que tal vez a Dení no le gustaría que la sintiéramos como una mártir. Seamos más “simplistas”: era una adolescente promedio que tuvo sus convicciones propias y no las cambió por nada del mundo. Esto último no es más que una paráfrasis de alguna carta de Antonio Gramsci, pero bien aplicable para nuestra compañera Dení. Si todos fuéramos como ella probablemente podríamos avanzar más como izquierda. Gran lección la que nos da esta joven militante.

Viva Dení Prieto Stock!

1Dení no lo sabría, pero su abuelo anticomunista fue figura clave para la creación de los halcones.

2Villanova y Suzigan, Política de gobierno y crecimiento de la economía brasileña: 1889-1945.

3Celso Furtado, La economía latinoamericana.

4Harry Magdoff, La era del imperialismo.

5René Zavaleta, La formación de las clases nacionales.

2 comentarios en “Actualidad de Dení Prieto Stock y el simplismo militante”

  1. NO conocía la historia de esta joven YO creo todo lo que aquí esta escrito sobre ella Pregunta y Luis Echeverría cumplimento 103 años de vida le espera el infierno gracias por tan hermosa historia de verdad son héroes anónimos y que gracias a ellos hoy tenemos y somos un hermoso país para ella solo le perdón de dios y estoy convencido que ella esta a su lado Mil gracias

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