Alguien quiere pensar en las condiciones del trabajo por favor: El Estado de Bienestar

Ariana Rivera y Mireya Castillo

En México existe una diversidad de movimientos sociales que se encuentran en pie de lucha por una transformación social. Los movimientos más discutidos son los que están impulsando la defensa del territorio y el feminismo. En su mayoría los grupos que se encuentran dentro de estos movimientos impugnan la violencia exacerbada en el periodo neoliberal, lo cual los dota de un potencial en la ampliación de la democracia. Sin embargo, la vorágine capitalista no sólo se despliega a través de su expansión y control sobre los territorios como parte de la acumulación por despojo o de la opresión patriarcal sobre los cuerpos; lo hace también a través de la explotación de la fuerza del trabajo, estructural al conflicto entre clases. Por lo que no podemos dejar de considerar que la precariedad laboral hoy en día continúa e incluso aumenta su intensidad. Pese a esto, la lucha obrera se encuentra atomizada y dividida en muchos pequeños movimientos de trabajadores. Una forma de destacar la relevancia de esta lucha es señalar su relación con los demás movimientos anti sistémicos y el por qué podría ser prometedor integrar la cuestión del trabajo dentro de la agenda política de dichos movimientos contemporáneos y reivindicar la cuestión del trabajo como un eje transversal a estas luchas.

El presente nos muestra que es necesario reflexionar sobre la importancia de la alianza de demandas por mejores condiciones de trabajo en la lucha por una vida digna para diversos sectores, como el de las mujeres, que se enfrentan desigualmente a este problema, así la problemática de la precariedad laboral ha de considerarse dentro de la agenda feminista, es decir, que la lucha contra el neoliberalismo implica también que los movimientos en contra de la precarización de trabajo incluyan una mirada crítica y por tanto de género. Cada vez se hace evidente que la búsqueda de una vida digna para toda la población tiene que seguir caminos con un factor en común: la lucha antineoliberal, como la fase histórica concreta del capitalismo que nos toca enfrentar hoy. Y para lograrlo es necesario tomar conciencia que en la diversidad de movimientos estamos luchando contra la misma forma social: la hegemonía neoliberal heteropatriarcal.

Creemos que cada movimiento necesita desarrollar su propia especificidad en relación con las condiciones estructurales que nos oprimen: el patriarcado en las relaciones laborales, la precarización en el trabajo rural o urbano. Sin embargo, este ensayo no tiene la pretensión de abarcarlo todo, sino simplemente mencionamos lo anterior como parte de la necesaria articulación en la lucha. Por ahora, como parte de una serie de artículos que estaremos compartiendo sobre el tema, en esta ocasión nos enfocaremos a conocer las condiciones generales del trabajador en un bloque político en específico: el Estado Keynesiano y su crisis, como la antesala de la globalización del capital en su fase neoliberal y el grado de precarización al que nos estamos enfrentando.

Durante el Estado Fordista-Keynesiano se establece una forma de regulación política y social caracterizada por un alto grado de dirección económica, por una expansión de la política estatal de crecimiento, ingreso y empleo, por el reconocimiento de los sindicatos y por la institucionalización de compromisos entre clases, grupos y sectores sociales en el marco de estructuras corporativas. Este Estado representó un importante mecanismo de integración política de los asalariados, al mismo tiempo que implicó un apoyo relevante en el consumo masivo. De esta manera la estructura económica [1] y las funciones estatales se expandieron en una multiplicidad de organizaciones y de prácticas públicas y privadas, hasta conformar un sistema institucional que mediaba las relaciones entre la sociedad y el Estado. El Estado durante este periodo funge como rector, planificador y como promotor del bienestar social mediante leyes laborales y agrarias, así como de  instituciones sociales que garantizaran un sistema de salud, educación, vivienda y un sistema colectivo de pensiones,  servicios y garantías básicas que formaban parte del fondo público para la reproducción de la fuerza de trabajo; posibilitando una redistribución de la riqueza. Es decir, durante el Estado Fordista-Keynesiano la intervención pública suscita el desarrollo del espacio social-nacional.

Durante este periodo, en el caso mexicano con su especificidad de dependencia, las condiciones de los trabajadores tienen una gran relevancia en la vida económica ya que la mayor parte de la población tiene alguna relación directa o indirecta con las empresas estatales (como proveedor, comprador, empleador, distribuidor, etc.). Puesto que casi todo lo que se consumía o utilizaba era producido, subsidiado o adquirido por el Estado en prácticamente todos los sectores económicos (transportes terrestres y aéreos, teléfonos, telégrafos, energía eléctrica, combustibles, automóviles, equipos y maquinaria, etc.). Lo cual también posibilitaba dirigir cierta porción de la riqueza total hacia un sistema de seguridad social, así como de la creación de empleos como forma de la redistribución de la riqueza (mercado interno-sociedad civil).

Hemos de recalcar que todas estas garantías laborales son producto de las luchas sociales: en términos históricos la Revolución Rusa fue inspiración mundial para que los trabajadores lucharan por mejores condiciones. Particularmente en México,la Revolución Mexicana trajo garantías en el mejoramiento de vida de la clase trabajadora, mejoras que fueron representadas en la constitución de 1917. Entre los artículos relacionados con el trabajo, se mencionan el 123, en el cual se consolida como máximo la jornada laboral de 8 horas, el derecho a formar sindicatos, el derecho a huelga, se establecía que el salario mínimo debía cubrir las necesidades normales de un jefe de familia en el orden material, social, y cultural para proveer la educación obligatoria de sus hijos- Lo cual hoy en día se ve como un horizonte lejos…aunque no imposible-, en dicho artículo también se menciona que “para todo trabajo igual, debe corresponder salario igual, sin tener en cuenta sexo”.

Sin embargo, la fase Fordista-Keynesiana entraría en crisis, sobre todo ante la presión de los grandes capitales que empezaban a cobrar poder en el orden transnacional, imponiendo una gradual disminución de los derechos sociales que se habían ganado. A lo que se suma la alta burocratización y autoritarismo del Estado que provocó una multiplicación de las luchas de las clases subalternas inconformes con la situación. Durante este contexto inestable la correlación de fuerzas derrotaría a la clase obrera y a los diversos sectores populares, perdiendo gradualmente sus conquistas laborales que habían obtenido.

Las principales razones es que muchos movimientos sindicales fueron derrotados por su poca representatividad como parte del dominio de los sindicatos charros, a eso se suma la ausencia de solidaridad internacional, así como la fuerte represión del Estado a las manifestaciones obreras en resistencia por la legítima democratización sindical. Sin mencionar que los movimientos quedaron ideológicamente divididos y en la práctica cotidiana desarticulados por la presencia del desempleo, que desempeñó un papel disgregador en tales conflictos. Los altos salarios y su relación con la aristocracia obrera (altos administrativos) y la cooptación de diversos líderes sindicales son otros elementos. La crisis del Estado Fordista-Keynesiano aparece como una crisis de un tipo de orden hegemónico que vinculaba sociedad y política de manera democrática-liberal en la que las condiciones laborales de los trabajadores estaban insertas.

Todas estas contradicciones internas del Estado posrevolucionario se pueden resumir en una institucionalidad o cristalización de un pacto social que fue caducando conforme la sociedad iba exigiendo una ampliación de la democracia más allá de la seguridad económica que planteaba el orden liberal, lo cual produjo la crisis de dicha hegemonía. A la par que esto ocurría al interior de México en la relación sociedad civil-Estado, había un cambio de correlación de fuerzas a escala internacional, donde los grandes capitales presionaban a los Estados-Nación para generar una política económica que los beneficiara. Es así que la clase obrera-popular no tuvo la fuerza de conformar un bloque contrahegemónico al naciente neoliberalismo. El periodo histórico neoliberal lo iremos profundizando en subsecuentes artículos en relación con la especificidad de América Latina y la precarización laboral, pero es importante conocer primero los avances sociales que se lograron en el periodo posrevolucionario, producto de las luchas populares para dimensionar lo que hemos perdido actualmente como trabajadores, siempre con la perspectiva de recuperar nuestra memoria para ejercer nuestra capacidad de luchar por mejores condiciones laborales y un mejor proyecto social a favor de la vida.

[1] El régimen de acumulación Fordista se caracteriza por una organización científica del trabajo para la producción de plusvalor, que por medio del cronómetro (tiempo) y la cadena de montaje (espacio) permite un mayor rendimiento, productividad del trabajo y a una mayor escala espacial, además es un ataque contra la forma organizada de la clase obrera y como condición de acumulación de capital después de la crisis mundial detonada en 1929 reconfigurando no solo la producción inmediata sino a todo el conjunto de la sociedad ya que con la producción en masa –mayor producción de plusvalía relativa que absoluta- se establece una nueva forma de consumo productivo e improductivo (fuerza de trabajo). Este nuevo régimen de acumulación establece nuevas prácticas, instrumentos y normas estatales de regulación y control social –keynesianismo- para adaptar y controlar las fuerzas económicas, consolidando un Estado racionalizado y planificado

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