Elecciones 2021: Memento, o recordar para vencer

Por: Ricardo Gutiérrez González

“Memento” es un tratado audiovisual sobre la memoria, el recuerdo y la identidad. Sus planteamientos son sencillos, ―no por ello poco relevantes― y tienen fundamentos científicos propios de la psicología pragmática, que, si bien son muy discutibles para la práctica política, funcionan muy bien para el argumento de la película y para tener una perspectiva general de la importancia que tienen en la vida social la memoria, el recuerdo y la identidad. Básicamente, podemos resumir las tesis de la película en las siguientes cuestiones:

a) La memoria se funda en hechos objetivos, no se reduce a un proceso psicológico interno ni a una elaboración individual, sino que implica una serie de prácticas constantes que dejan rastro material susceptible de ser objetivado, medido. La memoria se produce socialmente en relación con los objetos, sujetos e instituciones y actúa como soporte de las nuevas prácticas, acciones y decisiones que se realizan para producir más memoria y registro histórico.

b) Los recuerdos pueden modificarse, cambian con el paso del tiempo, son actos que se desvanecen y suelen estar inmersos en la consciencia; sirven para formar una identidad, para fortalecer relaciones sociales que estructuran lo que somos, lo significa que,

c) la identidad se modifica mientras los recuerdos se interpretan. Esta interpretación es el eje de las relaciones entre identidad y recuerdo, ya que no se puede recordar bajo presión, mientras más presión, más difícil recordar.

Es por eso que “Memento” puede ser la obra que se vuelva necesaria de ver para no caer en las prácticas de los sectores intelectuales, activistas y propagandistas de ciertos sectores de la izquierda tradicional ―especialmente la ultra izquierda―, que han salido a relucir en las recientes elecciones intermedias en México. Y es que es notorio que hay un problema de memoria, de corto y largo plazo en dichos sectores, que desvirtúan la lucha en el ámbito democrático-representativo para relegarla al agitativo-autoreivindicativo. En “Memento” la falta de memoria se vuelve una condición problemática, pero que puede llegar a ser positiva, en tanto que puede llevar a establecer un régimen de vida estricto, disciplinado, en el cual los eventos y acciones tienen una relevancia tal que es completamente necesario registrar cada uno con la minuciosidad del científico, convirtiendo en una virtud el gran problema de la falta de memoria, que sin embargo no puede convertirse en tal sin el autoreconocimiento de dicha deficiencia. En la izquierda más extrema, dicho autoreconocimiento de falta de memoria devendría en nuevas salidas políticas más allá de las clásicas que todos conocemos, recuperar los momentos de memoria popular, reconocerlos como tales y esgrimir nuevas ideas retomando dichos momentos podría ser una oportunidad para reformular alianzas, repensar estrategias y reconocer las limitaciones y debilidades.

En un momento dado como las elecciones recientes, algo que se parecía entender de diversas voces tiradas a la izquierda es que es posible condicionar al pueblo para que deje de votar por diversos partidos a partir de una experiencia negativa o positiva con estos, reduciendo el voto a un proceso inconsciente y mecánico, balance que es casi coincidente con el de las derechas de que el voto del pueblo puede ser por capricho, por venganza, o por castigo. Estas perspectivas dejan de lado la voluntad y determinación del pueblo, que ejerce de una u otra forma una variedad de razones para votar por la diversidad de partidos, anular su voto o incluso autopostularse, pero lo que es más importante, siempre llevando adelante una racionalidad que rebasa la dicotómica forma de elaborar balances anquilosados y trillados.

Lo que evidenció las recientes elecciones es la negligencia de los mencionados sectores de la izquierda tradicional ante una coyuntura fundamental para el país que permitiría agudizar la crisis de representación de las derechas gracias a una posible mayor participación y avance de la izquierda en el gobierno, con capacidad para incluso “mandar al basurero de la historia”, al vertedero político, lo más infame de la pseudoizquierda aliada y la derecha, tal y como ocurrió con el PES. La nebulosidad con la que el panorama electoral se presentó para algunos sectores es tal que pareciera que efectivamente caen en las categorías con las que la derecha clasifica en general a las luchas sociales. En la práctica de la memoria histórica, es imprescindible mencionar que con la gran cantidad de contradicciones con las que morena se presenta, este es más que la suma de sus fuerzas electorales personificadas en diversos sujetos políticos: es un conjunto de relaciones que producen en las clases populares sentidos de pertenencia, de esperanza, movilización e intercambio de sentidos comunes, que sin embargo, no impresionan ni impactan en algunas células con identidades pétreamente definidas, ―condición negativa para establecer lazos con las clases populares que se identifican con todo un espectro diferenciado de prácticas, símbolos, nomenclaturas y discursos―,  distanciándose del dialogo de construcción.

En los recientes comicios, una práctica concreta de la memoria fue recordar a las autoridades por medio de consignas en las boletas y la anulación de votos los compromisos que no se cumplieron, las deudas pendientes, los cinismos y la vergüenza de pertenecer a la partidocracia mexicana, pero, ¿cómo esto puede permitirnos avanzar en una coyuntura en la que el escenario político nos muestra la necesidad de combatir dentro de las condiciones de la democracia representativa para disminuir el avance de las políticas antipopulares?. Ciertamente la necesidad de expresar la inconformidad por medio de consignas y anulaciones en los votos se entiende por las diversas problemáticas que representan dichas consignas (alto a los feminicidios, justicia para sectores vulnerables, esclarecimiento de cuentas, y muchos otros),  sin embargo, existen espacios de realización en los que es más conveniente establecer una práctica de la memoria con base en consignas específicas que en otros, donde está en juego algo distinto a un problema sectorial, se pone en juego un problema estructural.  No es que estas prácticas no dejen memoria, no es que no sean manifestación de una tremenda problemática que se vive día a día y que afecte a grandes sectores sociales, o que no haya desesperanza frente a un escenario electoral problemático, es que lo que las recientes elecciones problematizaron fue la crisis de morena como movimiento, partido y aglutinador de demandas a nivel local; a nivel nacional no estaban en disputa las agendas individuales, las problemáticas sectoriales, sino el conjunto de las demandas populares, de las posibilidades de políticas públicas que puedan ser impulsadas por los sectores más críticos y afines a los movimientos sociales, del robustecimiento de la democracia en términos de sobredeterminarla popularmente.

Para dejarlo claro: parece que para la izquierda los enemigos dejaron de ser los partidos tradicionales ―llámese PRIAN― y pasó a ser un movimiento con contradicciones pero que tiene aún, aunque en su periferia, un sector esperanzador constituido por las bases, un partido pero en una temporalidad completamente distinta donde la gente se ha decidido por un nuevo rumbo como no lo había hecho antes, olvidando así, cómo en Memento, todo el daño que la partidocracia neoliberal le ha hecho al país.

En este sentido, conviene en las futuras coyunturas electorales, realizar ejercicios de memoria, no de recuerdo que sea modificado, de regresar a los hechos, a los momentos críticos del país para refrescar y reconocernos en nosotros mismos como colectivo, para así retomar el rumbo y reconocer lo que es realmente importante temporalmente; Memento puede ser referencia de prácticas de memoria que son completamente infalibles:

a) “Si tienes alguna información que sea vital escríbela en tu cuerpo y no en papel, una forma permanente de recordarte algo”

b) “Aprende a confiar en lo que escribes, que se vuelva parte importante de tu vida”

c) “Que haya cosas que no recuerdes no significa que lo que hagas no valga, porque el mundo no desaparece cuando cierras los ojos”

Practicar la memoria nos puede ayudar a tener bien ubicado al enemigo, y si no es así, siempre nos podemos tatuar en el cuerpo alguna frase como “no creas en sus mentiras, es él, mátalo” como lo hizo Leonard en Memento, para ayudarnos a reconocer nuestro pasado, nuestros enemigos y así no perder el rumbo.

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