En defensa de las infancias: Teoría del apego y lucha política

 La teoría del apego fue construida por John Bowlby, un psicólogo inglés que rompió los esquemas deductivos del psicoanálisis freudiano y utilizó los métodos inductivos propios de las ciencias naturales para estudiar los traumas de las infancias. En las ciencias naturales una teoría se refiere a una serie de hipótesis que ya han sido comprobadas de manera empírica, por lo que pueden  formar un confiable sistema racional para explicar los fenómenos que observamos. La teoría del apego es poderosa, porque no se limita al ámbito del campo de la psicología, si no que logra ensamblarse con los  descubrimientos más avanzados de la biología en las ramas de la etología, la fisiología y la evolución.

Pero, ¿qué nos dice la teoría del apego?

Toda persona en la primera infancia necesita de una figura cuidadora, con la cual forma un vínculo que se llama apego. Generalmente esta figura la desempeña la madre o el padre, pero las infancias pueden generar apego con otras personas cuidadoras. Existen cuatro tipos generales de apego, de los cuales tres son del tipo inseguro: 1) apego seguro; 2) apego inseguro ambivalente; 3) apego inseguro evitante; y 4) apego inseguro desorganizado. El tipo de apego dependerá de la rapidez con que  la figura cuidadora interpreta y atiende las necesidades del infante. Mientras más rápida y cariñosa sea la respuesta, más fuerte será el vínculo y se generará un apego seguro. Algo importante es que el apego que se genera en la primera infancia se mantiene para toda la vida y es expresado en el resto de sus relaciones sociales y afectivas.

El apego seguro configura personas emocionalmente estables, capaces de mostrar sus emociones y gestionarlas de manera asertiva, seguras de sí mismas, con una desarrollada empatía y con aptitudes solidarias. De tal suerte que dichas personas tienen mejores condiciones para llegar a desarrollarse como personas felices. Por el contrario, los tres tipos de apego inseguro tienden a configurar personas ansiosas, tendencialmente depresivas y violentas, con capacidades empáticas obstruidas. Esto es así porque el área del sistema nervioso central que regula las emociones y la respuesta empática madura rápidamente bajo condiciones de sufrimiento. Lo anterior no es bueno, pues significa que ya no es posible producir ciertas conexiones neuronales fundamentales y se pueden generar, en cambio, respuestas de adaptación para generar “inmunidad” al sufrimiento. Así, el infante sufre menos, pero también responde deficientemente al sufrimiento de otros.

Se ha observado que las niñas y niños pequeños con apego seguro responden al sufrimiento de otros con abrazos y palabras amables. Mientras que lxs que tiene apego inseguro no sólo no intentan consolar, sino que se activa un arranque de ira al escuchar llorar a otro niño y responden agresivamente. A su vez, registran para sí la idea de que sus emociones y sentimientos no valen, lo que genera diversos problemas a futuro en su forma de relacionarse con lxs demás.

Esto quiere decir que, por increíble que parezca, la forma en que tratamos a la primera infancia configura toda su interpretación del mundo social. Los niños que no son consolados por su figura cuidadora, e incluso son maltratados por llorar o solicitar algo, aprenden que el sufrimiento humano no merece compasión, ni siquiera el propio. Esas niños y niños, al crecer, replican relaciones sociales que pueden expresarse en diferentes grados de violencia, baja autoestima, depresión, ansiedad, introversión o egoísmo, donde no cabe la solidaridad y donde se busca solamente el beneficio propio sin considerar el daño que hacen a otros.

Formar un apego seguro para las infancias es construirnos como una base segura a la cual pueden regresar cuando se sientan en peligro. Es por eso que lxs bebés con apego seguro salen a explorar la vida con más determinación, se desarrollan de mejor manera y se vuelven más seguros de sí mismos, pues frente a la frustración o el fracaso siempre contarán con alguien que les respalde emocional y materialmente. No significa que  sean personitas que no lloren, que no hagan berrinches o demás; pero sí que aprenden con el tiempo a gestionar sus emociones con la ayuda cariñosa de su figura de apego, lo cual les dota de salud mental a esos futuros adultos. Esa base segura en la que nos constituimos para las infancias será la base segura que ellas construirán para otros seres humanos en el futuro.

La base segura y, en consecuencia, el apego seguro, se forma atendiendo de manera eficiente las necesidades del pequeño. Los dos primeros años son de vital importancia, pues ahí se fija el tipo de apego. Requiere de una conexión entre la figura cuidadora y el bebé, de tal manera que sea posible interpretar  de manera oportuna esas necesidades: un pañal que necesita ser cambiado, comida, algún juguete que no alcanza, etc. Sin embargo, más que lo material, lo que se necesita atender son sus necesidades emocionales: abrazarle cuando llora, besarle su mejilla, decirle palabras bonitas todo el tiempo aunque parezca no comprenderlas, consolarle cuando se encuentre frustrado o en plena rabieta y explicarle el por qué de nuestras determinaciones, sobre todo cuando se trata de algo que no les agrada (por qué no les damos dulces o chocolates a voluntad, por ejemplo). En fin, ayudar a regular sentimientos adversos, no escatimar en ofrecerles cariño y darles su lugar en el por qué de las decisiones y explicaciones cotidianas.

La superioridad de las necesidades afectivas sobre las materiales han sido observadas también en crías de otros primates. En el experimento de Harlow —un modelo ya clásico—, un pequeño mono hambriento es expuesto a dos caminos: uno conduce a una muñeca de alambre que contiene un biberón, y el otro a un peluche de felpa que simula a la mamá mono pero no contiene alimento. La cría elige abrazar al peluche, a pesar de la necesidad de comer.

¿Cómo se relaciona la teoría del apego con la lucha política por un mejor mundo?

La teoría del apego nos muestra que las y los niños con apego inseguro, es decir, aquellxs quienes no lograron crear una base segura en alguna figura adulta, quienes no recibieron tratos cariñosos y cuyas necesidades emocionales no fueron adecuadamente atendidas por su figura cuidadora —e incluso cuando sus necesidades materiales hayan sido cubiertas—, tienen al menos dos caminos posibles. Por un lado, quienes desarrollan un apego desorganizado (bebés y niñxs que recibieron golpes, humillaciones y distintos tipos de abusos), que es el grado en el que se manifiesta con más intensidad el apego inseguro, tienen mayores posibilidades de desarrollar conductas criminales. Existe una relación entre la configuración cerebral de los criminales en prisión y las infancias con apego inseguro. De acuerdo con Alvaro Pallamares, en una población penitenciaria estudiada, más del 80% de los reclusos tuvo apego desorganizado,1 lo que significa que las personas cuyas infancias fueron expuestas a maltratos, violencia, abusos miedo constantes, son tendencialmente más proclives a la criminalidad, pues carecen de capacidad empática y son más  egoístas que el resto. Son los perfiles que busca el crimen organizado para reclutar sicarios, por ejemplo.

Otro resultado posible es que se configuren como personas con baja autoestima, que invalidan de manera constante sus emociones, anulando su cabida o su expresión, además de presentarse “cerrados” a establecer vínculos profundos por el miedo al rechazo o al abandono. Estas personas, cuando logran crear ese tipo de vínculos, lo hacen de manera aprensiva y con un constante miedo al abandono que tiende a volverse obsesivo.

Todos estos son los perfiles que necesita el neoliberalismo para reproducir los sentidos comunes de su proyecto político centrado en el individuo, el egoísmo, la nula empatía, la pasividad política y un sentido de comunidad negado. Pareciera  que son problemas privados en algunos individuos, pero en realidad están presentes en la inmensa mayoría de las familias mexicanas, lo que constituye uno de los ingredientes que componen el pútrido caldo de cultivo de la violencia en México2. No olvidemos cinco datos que nos dan un diagnóstico rápido de las terribles condiciones que viven las infancias en nuestro país:

 1)Primer lugar en el mundo en producción de pornografía infantil; 2) Al menos hasta 2018,  cerca de 2/3 de la población infantil vivía en condiciones de pobreza; 3) 60% de lxs niñxs son criados violentamente con golpes y humillaciones; 4) De 2007 al 2018 desaparecieron más de 8 mil niñxs de entre 0 y 19 años, mientras que del 2015 al 2018, se cometieron 225 feminicidios contra menores de 18 años; 5) cuatro niños y adolescentes mueren al día a causa de la violencia, esto es más que los niños que son víctimas de la guerra en países del medio oriente3

Si queremos cambiar a fondo el país, convendría tener en mente que las y los niños que sufren se convierten en personas que hacen sufrir o que no hacen por cambiar sus condiciones de sufrimiento. Las infancias felices es un tema poco tratado en la izquierda, pero reivindicamos su incorporación al programa de transformación. Tenemos mucho que hacer para mejorar las condiciones para el desarrollo de infancias felices. A continuación enlistamos algunas, las cuales esperamos que sean de utilidad para la realización de programas políticos que tomen en cuenta a las y los niños (y no sólo en lo que concierne a su futuro, sino también a su presente):

Licencias de maternidad ampliada, donde la mamá pueda permanecer con su bebé por lo menos durante el primer año de vida del bebé con goce de sueldo; derecho a guarderías seguras y con personal capacitado; incremento de salarios y reducción de jornada laboral para que mamá y papá estén más tiempo con sus hijos que con el patrón; gestión de parques y áreas adaptadas a diferentes edades para la recreación; regular a las empresas constructoras de vivienda para que diseñen espacios públicos de convivencia digna; reducir los trámites y tiempos de espera para adopciones seguras; revisión de orfanatos para evitar abusos contra menores y maltrato infantil; políticas públicas para prevenir y erradicar la violencia familiar; planes para garantizar la seguridad alimentaria; combatir los discursos de ridiculización y odio contra las infancias e irradiar otros sentidos comunes al resto de la sociedad relacionados con el respeto a las infancias.

Además —y aunque se dice mucho que “nadie te enseña a ser padre o madre”— podrían crearse escuelas y cursos para padres y madres, toda vez que la crianza de los pequeños es algo que debe involucrar a toda la sociedad. ¿Qué se podría enseñar en estas escuelas y cursos? Por un lado, se podrían enseñar las teorías del apego, los métodos de crianza respetuosa, las metodologías Montessori, Pickles, etc., así como las distintas etapas de desarrollo de los niños y los momentos sensibles de cada una de sus habilidades. Y, por el otro, se podría ofrecer acompañamiento psicológico, reconociendo qué tipo de infancia tuvo cada quien, sanar lo que sea necesario para evitar transmitir nuestras heridas y vicios a nuestros hijos —cosas de las cuales, dicho sea de paso, no somos conscientes hasta que nos enfrentamos a la crianza—. Podría ser, pues, una enseñanza integral y gestionada por el Estado para “ayudar a los padres a liberarse de las influencias adversas de sus propias infancias”.4

En ese sentido es que defendemos y revindicamos como políticamente útil la teoría del apego. Porque se trata de una teoría en defensa de las infancias del mundo. Y por lo mismo sostenemos que John Bowlby es un teórico al que la izquierda debería conocer, toda vez que nuestra generación está llamada a romper con los ciclos de odio y salvar a la infancia de las violencias heredadas.  

Esa sí que es una digna forma de festejar este 30 de abril: como un día de las infancias felices. La nueva sociedad debe ser construida sobre la base de infancias felices, porque ellas serán el hombre y la mujer nuevos con que soñaba el Che.

Referencias:

1. Pujol, J., Harrison, B., Contreras-Rodriguez, O., & Cardoner, N. (2019). The contribution of brain imaging to the understanding of psychopathy. Psychological Medicine, 49(1), 20-31. doi:10.1017/S0033291718002507

https://www.cambridge.org/…/9838ADEE28AA45347BD8EF7F40C…

2. El machismo y la violencia intrafamiliar es un factor decisivo para que los niños ingresen al mundo del sicariato. Así lo revela el estudio de la antropóloga Karina García Reyes, quien entrevistó a 33 sicarios de diferentes grupos del crimen organizado, y con cuyos resultados la teoría del apego está en concordancia.
https://theconversation.com/morir-es-un-alivio-33-exnarcos-explican-por-que-fracasa-la-guerra-contra-la-droga-en-mexico-129484

3. Save the Children: https://www.savethechildren.mx

4. “Lamentablemente, en algunos círculos ha existido la tendencia a confundir la teoría [del apego] presentada aquí (…) con una actitud que simplemente culpa a los padres. Nadie que trabaje en el campo de la psiquiatría infantil y de la terapia familiar puede cometer ese error. Por el contrario, como ya se ha señalado, se ha reconocido hace tiempo que la conducta descaminada de los padres es a menudo el producto de su propia infancia difícil y desdichada. Como consecuencia, ha de dedicarse mucho tiempo a ayudar a los padres a liberarse de las influencias adversas de sus propias infancias” (Bowlby, John, 1989, p. 168).


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