Hay que ver: Omicron

Ya la viste promocionada 32 veces en lo que va del mes, en un póster falso intitulado “The Omicron Variant”. Omicron (1964) comparte el nombre con la variante del virus de la COVID más reciente a diciembre de 2021, una coincidencia que sigue llamando la atención pero, ¿qué tan relevante puede ser para la situación actual?

La historia escrita y dirigida por Ugo Gregoretti nos coloca en Italia, donde un muerto se reanima inexplicablemente y, aunque es un alivio, quienes espectamos tenemos la duda: ¿se equivocaron los médicos al diagnosticar la muerte? ¿se ha convertido esta persona en un ser dirigido por un hambre insaciable de carne humana?

A partir de un diálogo entre voces en off entendemos que un ser proveniente del planeta Ultra acaba de comenzar a controlar este cuerpo terrícola desde ceros: desde la regulación de ciclos vitales como la respiración y el sueño, pasando por la motricidad de sus extremidades, hasta el dominio del habla. Omicron es su nombre y tiene la misión de infiltrarse entre los humanos para entenderlos mejor, conocer todo lo posible sobre la humanidad y entregar un reporte que le sirva a su equipo para establecer una estrategia de invasión efectiva.

Efectivamente, la trama no se trata de una pandemia, ni siquiera de una enfermedad. Y hay más: en clasificación de género, Omicron es una comedia de ciencia ficción. Pero no nos dejemos engañar pues lo cómico no le impide reflexionar acerca de asuntos relevantes como el amor, la muerte y el conflicto de clases latente en la sociedad industrializada del siglo XX.

Hecha esta sinopsis, recomendamos ver la película antes de leer las siguientes líneas, en las que analizaremos algunas cualidades de esta obra, así como la vigencia que tiene a más de 50 años de su estreno.

Ir y venir tragicómico

Podríamos decir que en Omicron se combina la ciencia ficción y la comedia para contrastar el realismo y la tragedia presentes en su trama. En El chiste y su relación con el inconsciente, Freud habla de lo ingenuo como la ausencia de una coerción psíquica que se presentaría normalmente en una acción social. La risa frente a lo ingenuo funciona como descarga debido a la inverosimilitud de tal situación, que rompe con el modo en que debería.

Los primeros minutos en que vemos a Omicron en el cuerpo de Trabucco, carente de personalidad, con gestos exagerados y en una clara incomprensión de las convenciones sociales, es equivalente a un infante que es ingenuo, a veces ridículo e incluso tierno.

Pero esta inexperticia graciosa se supera con el dominio del cuerpo que resulta de la repetición de acciones y la historia de extraterrestres toca la realidad mundana cuando, por la destreza para repetir movimientos básicos, Trabucco es más apto ahora para la fábrica de la que es empleado, donde llega a producir una pieza por segundo y se vuelve la vara de medir frente al resto de trabajadores. De momentos, las tensiones entre los trabajadores y de ellos con los capataces, recuerda al clásico La clase obrera va al paraíso (Petri, 1971), aunque Omicron se estrenó 7 años antes.

Lo cómico vuelve cuando Omicrón ha cumplido su misión de reconocimiento, ha ordenado sus ideas leyendo decenas de libros en una noche y ahora, para volver a su planeta, se convertirá en un suicida de segundo orden: buscará que lo maten, porque la muerte de ese cuerpo sólo significará el regreso a su vida y con ello su victoria. Pero la tragedia no es la muerte que se avecina para el desafortunado Trabucco, sino la sentencia que conocemos desde el principio y que espera ejecutarse.

El planeta Ultra está por colonizar la tierra, ni más ni menos. El final de esta ficción, aunque satírico, no es gracioso ni feliz. La dominación no se consuma por la estricta fuerza, sino mediante la exacerbación de las dinámicas que ya están vigentes en la sociedad: los dueños de los medios de producción, ahora controlados por los alienígenas, aumentarán la explotación, reduciendo los espacios de solidaridad y resistencia, pues la conciencia de los trabajadores sería la principal amenaza para consumar su plan. En un diálogo que recuerda la condena que llevó a prisión a Gramsci, así como que el fascismo italiano tenía por objetivo eficientizar la producción, se decreta: “… prohibición de amar, prohibición de hablar y prohibición de pensar”.

A manera de conclusión, es falso que Omicron nos anunciara con antelación la pandemia a la que nos enfrentamos, sin embargo sería también errado decir que es una película que no habla de nuestros tiempos. Marx refunfuña mientras recorre las calles cada que a alguien le explota la cabeza pensando en que se predijo una crisis actual 50 años en el pasado.

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