La lealtad de las Fuerzas Armadas (II)

La relación de AMLO con las Fuerzas Armadas

Andrés Manuel López Obrador no es ningún ingenuo. El Presidente sabe que las Fuerzas Armadas representan una amenaza seria para un proyecto de nación como el que pretende instalar la 4T. Desde los primeros días en que asumió el poder ejecutivo, AMLO ha construido una relación de mucho tacto político con las Fuerzas Armadas. Ha tratado de construir un imaginario donde el ejército es parte del pueblo y su lealtad está con el gobierno de la República.

Muy a su estilo, AMLO utiliza ciertas referencias de la historia mexicana para argumentar las bondades de las Fuerzas Armadas, como que el Ejército actual tiene su origen en las huestes populares que se incorporaron al ejército regular una vez concluida la Revolución y que desde entonces no se han dado golpes de Estado por parte de los militares. Aunque esto es cierto en parte, nunca menciona las numerosas atrocidades cometidas por el ejército en las décadas recientes. Y si por alguna razón es obligado a acercarse a ese oscuro pasado, el Presidente juega su última carta en calidad de comandante en jefe de las FAM, garantizando que no se dará orden alguna que contravenga los derechos humanos.

Todos estos intentos de lavarle la cara al Ejercito darán náuseas a todo aquel que conozca un poco de historia, pero creo que forman parte del plan del Presidente para contener el descontento que las políticas de su gobierno puedan despertar en la élite militar. Esto, por supuesto, ha sido acompañado de concesiones políticas y legales, incluso económicas. Por mencionar ejemplos, están el incremento de tareas bajo responsabilidad de las FAM, como la construcción/administración de aeropuertos, aduanas, hospitales y algunas secciones del Tren Maya.

También es relevante el incremento en el presupuesto de las FAM, que se concedió al tiempo que en otros sectores hubo recortes, así como la permanencia legal de las FAM en las calles y sus facultades para intervenir en la seguridad interior bajo la forma de Guardia Nacional. Incluso se dio la conformación de una empresa estatal en posesión del Ejército (que será aquella que administrará el tramo de Chetumal a Palenque del Tren Maya), cuyas ganancias sin duda servirán para pagar las jubilaciones de los militares.

Y, ¿por qué no decirlo? El gobierno de la 4T sigue dando inmunidad a elementos corruptos del Ejército. El ejemplo paradigmático ahora es el caso del General Salvador Cienfuegos. De este caso debe llamar la atención la agresividad de la postura con la que se presentó el gobierno de México ante los Estados Unidos para lograr la extradición del general, ya que la parte mexicana estaba dispuesta a enfrentamientos diplomáticos. Me habría gustado la adopción de esa actitud cuando se presentó la crisis de los éxodos migratorios de Centroamérica.

Desde luego, esto podría interpretarse como la militarización del país que tanto temíamos. Sin embargo, si uno se fija bien, no se les está dando cheque en blanco a los militares. Dos ejemplos para comprobar lo anterior: 1) la Guardia Nacional tienen fecha de retorno a los cuarteles, la presencia militar en las calles no será indefinida como estaba planteada antes. Y 2) todos los proyectos de infraestructura y de administración a cargo del Ejército están siendo ejecutados bajo la forma de S.A. de C.V., por lo que serán fiscalizados por la Secretaría de Hacienda, es decir, estarán sujetos a supervisión civil.

Sin duda hay un mayor protagonismo de las estructuras militares en la 4T, pero esto no nos habla necesariamente de subordinación. Desde mi punto de vista, todo esto nos habla de que AMLO está conciliando con las FAM. Se trata de lograr las negociaciones necesarias para que las Fuerzas Armadas no interfieran en la construcción del proyecta de la 4T. Es exactamente lo mismo que hace con el resto de la oligarquía. Sin duda un ejemplo más del pragmatismo del tabasqueño.

Si esta es la estrategia de AMLO con respecto a las Fuerzas Armadas, creo que puede funcionar en el corto plazo. Es decir, alcanza para que termine su mandato y después quién sabe. Porque, insisto, es una política conciliadora. Los acuerdos que generen tienen fecha de caducidad. Y aun así, la animadversión de algunos sectores del Ejército con respecto a las políticas de la 4T ya ha mostrado sus colmillos. Baste recordar las declaraciones del general Carlos Gaytán Ochoa en 2019.

No desaparecerá, pues, la amenaza de las Fuerzas Armadas con políticas conciliadoras. Se requiere la reforma de la estructura militar y el replanteamiento de su doctrina. Pero esto no es algo fácil de lograr. En el siguiente artículo, y último de esta serie, trataremos el ejemplo de un proyecto que sí pudo lograrlo: me refiero, desde luego, a la Revolución Bolivariana que inició el Comandante Hugo Chávez en Venezuela.

Segundo Cierre

Presentaré la segunda respuesta a las preguntas que planteé al inicio de la primera entrega, La lealtad de las Fuerzas Armadas (I), recordando que la tercera pregunta será respondida en el siguiente artículo.

2- ¿Existe lealtad de las FAM hacia la 4T?

No. En las condiciones actuales, las Fuerzas Armadas sólo tienen lealtad a sí mismas. Como vimos en la primer entrega, la configuración actual de las Fuerzas Armadas no corresponde con un proyecto político como el que pretende construir el gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Las FAM podrán convivir dentro de un régimen político que les permita seguir reproduciendo los privilegios de cada uno de los individuos que componen la elite militar. Hoy los intereses de las FAM corresponden más con los proyectos neoliberales que antecedieron a la 4T. La reforma de las Fuerzas Armadas es uno de los grandes problemas a resolver en un proceso de transición hacia un régimen democrático en México.

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