Liberación nacional: Amilcar Cabral, Ana Ri y el Estado Plurinacional

Los movimientos de liberación nacional incorporaron al marxismo de manera heterodoxa  para dar la lucha por el socialismo desde países colonizados y neocolonizados. Se trata de una tradición política y teórica  propia del Sur global que articula con el antiimperialismo militante y que busca conquistar la “verdadera independencia” de la que hablaba el Che. Durante la segunda mitad del siglo XX los movimientos de liberación nacional tuvieron un papel relevante por toda Asia, África, América Latina y el Caribe. Esos pueblos y sus dirigentes retomaron el legado político de Lenin para elaborar su propia estrategia de Revolución colocando a la nación como centro neurálgico, a contrapelo de la ortodoxia stalinista de la URSS y del nacionalismo liberal.

Durante el enero de 1966, tuvo lugar en Cuba un encuentro entre los principales dirigentes, combatientes e intelectuales de los movimientos revolucionarios que luchaban por la liberación nacional y contra el imperialismo estadounidense. A este encuentro se le conoce como «la Tricontinental», como abreviación del nombre oficial que era «Primera Conferencia de Solidaridad de los Pueblos de África, Asia y América Latina». El Che inauguró los trabajos con un análisis conocido como Mensaje a la «Tricontinental»1, en el cuál fundamenta la táctica y la estrategia a seguir en la lucha revolucionaria del Tercer Mundo y donde califica a las clases dominantes de Estados Unidos como el principal enemigo de la humanidad. En dicho texto plantea que el objetivo fundamental es liquidar las bases que sostienen al imperialismo, lo cual sólo es posible mediante la liberación nacional de los pueblos oprimidos y cierra con una reflexión que dará lugar a la consigna “Crear dos, tres, muchos Viet Nam”, en referencia a la victoria del pueblo que dirigió Ho Chi Minh.

En la Tricontinental también participó Amílcar Cabral, un brillante dirigente de talla mundial que luchaba contra el colonialismo portugués en Guinea y Cabo Verde, quien en su intervención ofreció una conceptualización sobre el imperialismo y la liberación nacional:

“En lo que se refiere a los efectos de la dominación imperialista sobre la estructura social y el proceso histórico de nuestros pueblos, conviene examinar en primer lugar, cuáles son las formas generales de la dominación imperialista. Son por lo menos dos: 1. Dominación directa - por medio de un poder político integrado por agentes extranjeros- a la que se ha convenido en llamar colonialismo clásico o colonialismo. 2. Dominación indirecta – por medio de un poder político integrado en su mayoría, o en la totalidad por agentes autóctonos- lo que se ha convenido en llamar neocolonialismo.

…tanto en el colonialismo, como en el neocolonialismo, permanecerá la característica esencial de la dominación imperialista: negación del proceso histórico del pueblo dominado por medio de la usurpación violenta de la libertad del proceso de desarrollo de las fuerzas productivas nacionales. Esta constatación que identifica en su esencia las dos formas aparentes de dominación imperialista, nos parece ser de importancia primordial para el pensamiento y la acción de los movimientos de liberación, tanto en el curso de la lucha como después de la conquista de la independencia.

Basándonos sobre lo dicho es posible afirmar que la liberación nacional es el fenómeno que consiste en que un determinado conjunto socioeconómico niegue la negación de su proceso histórico. En otros términos, la liberación nacional de un pueblo es la reconquista de la personalidad histórica de ese pueblo, es su regreso a la historia por medio de la destrucción de la dominación imperialista a que estuvo sometido.2

Amilcar Cabral, en su ruta anticolonial marcaba las bases económicas y materiales necesarias para lograr la vida digna del pueblo en una nación independiente, es cierto, pero también hizo especial hincapié en la dimensión cultural para lograr la emancipación. “La liberación nacional es necesariamente un acto cultural”, decía, y por eso en su definición de liberación nacional habla de las fuerzas productivas pero también de la recuperación de la historia y la cultura como elemento de resistencia anticolonial: “La cultura es, simultáneamente, fruto de la historia de un pueblo  y una determinante de la historia3.

Pese a los avances teóricos y organizativos de estos movimientos al colocar la cuestión nacional como un asunto de primer orden, lo cierto es que existen serios problemas para teorizar en torno a la Nación. No es un asunto fácil. Hay muchas definiciones y posturas  en torno a la nación dentro del marxismo. Algunas anulan toda relevancia de las luchas nacionales por que consideran la nación un simple invento de la burguesía y enfocan únicamente en la contradicción de clase, mientras que otras, por el contrario reivindican la necesidad de la disputa por la nación y la ampliación de la democracia en una ruta de construcción socialista. De estas últimas, resaltaré el marco conceptual elaborado por Ana María Rivadeo (Ana Ri, como le decimos quienes la queremos) en su trabajo «El marxismo y la cuestión nacional».

En los siguientes párrafos trataré de explicar la teorización de Ana Ri,  hilando en paralelo con las hipótesis producidas por Amilcar Cabral ,después, con esas coordenadas hacer una “traducción” sobre los planteamientos de Guillermo Bonfil Batalla en su obra “El México profundo: una civilización negada”. Finalmente, con toda esta construcción teórica, presentaré un breve análisis sobre  el Estado Plurinacional de Bolivia como una salida práctica en construcción ante la cuestión nacional.

Ana Ri: la nación como sistema hegemónico

En definitiva la concepción de nación más fina y útil políticamente es la de Ana María Rivadeo. Ella se basa en la teoría de Antonio Gramsci y  fundamenta una ruta hacia el socialismo que pasa por la disputa del proyecto nacional y la democracia. 

En la perspectiva de AnaRi, la nación  no es sinónimo de identidad étnica, como comúnmente suele asociarse. Para ella la nación no es una esencia que predetermine las características de un grupo, no es una especie de “ADN social” que se pueda rastrear en el pasado remoto hasta descubrirlo hoy expresado en una comunidad que se mantuvo todo este tiempo inalterable y aislada de la lucha de clases. Esto, desde ya, nos saca del peligro de los absolutismos y esencialismos, nos blinda de esas peligrosas pretensiones de purezas de étnico/raciales que suelen engendrar nuevos tipos de fascismos. Por otro lado, este error de confundir nación con etnia o con las características culturales de una comunidad, suele estar presente en cierta izquierda posmoderna que, con buena voluntad, tratan de presentar una resistencia cultural frente a la violencia colonial y neocolonial que termina diluyéndose en una situación puramente identitaria; en ser individualmente algo diferente al colonizador o en tratar de preservar una esencia étnica abstracta del “ser” indio desvinculada de las clases sociales.  

Para Ana Ri la nación es “la condensación de un complejo metabolismo económico, social, político, ideológico y cultural”4, que alberga contradicciones y que está en perpetuo cambio. La nación es un sistema hegemónico en el que la clase dirigente integra elementos de todas las clases y grupos del conjunto social para establecer cierta unidad territorial y perspectiva de futuro. Dicho en palabras de AnaRi:

La tarea y la obra del proceso de formación nacional consiste en hacer converger elementos múltiples y dispares –deseos, mitos colectivos, herencias étnicas y religiosas, historias y propósitos comunitarios, etc.- en un solo haz o subjetividad colectiva, bajo la hegemonía de la fracción de clase más capaz para ello”5.

La nación no es una cosa, es un proceso.  Este proceso implica que una clase rompe con su corporativismo y busca la unificación subordinada de toda la sociedad. Esta unificación alcanza un límite territorial, en el cual se marca una frontera que busca diferenciar del exterior y homogeneizarse al interior. El contenido específico de esa homogeneización, es producto específico de tipo de sistema hegemónico de la clase dirigente. Es decir, la nación  toma forma en función de la lucha de clases en su interior. Todas las clases, al ser incorporadas, impactan con su “personalidad histórica” a la nación, pero el nivel de identificación de tal o cuál clase con la nación dependerá de la fuerza con que disputen hegemonía. En otras palabras, dependiendo de la correlación de fuerzas entre una clase y otra, será el contenido de clase (con sus tradiciones culturales, sus símbolos y significados históricos) que logren imprimirle al proyecto nacional y en esa medida será la vinculación identitaria con la Patria. Por esa razón Ana Ri nos señala que la nación no alberga uno, si no varios proyectos nacionales potenciales. Y remata “no hay clases fuera de la nación, ni nación fuera de la lucha de clases5.

Ana Ri nos indica que la nación es un producto de la revolución burguesa. La burguesía construyo un sistema hegemónico para sustentar el poder del Estado. Es así que la nación burguesa está íntimamente vinculada al Estado,  de donde resulta el Estado-nación de los modernos países. Desde entonces, la forma del Estado-nación se presenta como la forma más amplia y estable del sistema de dominación. De esto, surge una importante cuestión ¿Por qué no surge otra nación cada vez que la hegemonía se desplaza a otras clases sociales alternativas a la burguesía? La hipótesis en la obra de AnaRí señala que:

“...el hecho de que la nación, una vez constituida como resultado de las complejas luchas de clase a través de las cuales se teje un sistema de hegemonía, conforma un marco político global, que en el contexto de la sociedad capitalista condiciona en lo sucesivo el despliegue de esas luchas. En el futuro, éstas habrán de moverse, configurarse y entramarse dentro de la lógica de la nación, reproduciéndola y desarrollándola. Ella crea continuidad, se asienta sobre ésta, y la presupone. De ahí que, pese a que la nación implica un proceso de trasformación continua, se presenta siempre como permaneciendo idéntica a sí misma”5.

Esas continuidades de las que nos habla tienen que ver con la estructuración territorial y temporal de la nación. El Estado-nacional marca fronteras con el exterior que la diferencian, pero al interior trata de homogenizar el pasado y el futuro del pueblo-nación. De tal manera que la unidad nacional se presenta como “la historización de un territorio y la territorialización de una historia”, donde el Estado-nacional tiende a eliminar – cuando no puede integrar- a todas las historias, tradiciones e identidades de los pueblos, naciones y nacionalidades que quedan fuera de su dominio. A pesar de esta tendencia, AnaRi nos indica una ruta entre la disputa nacional y la transición al socialismo:

“El territorio y la historia que materializa el Estado corporizan y reproducen la dominación hegemónica burguesa. Sin embargo, es preciso enfatizar, asimismo, que la historia de las clases y grupos subordinados no se absorben completamente en el Estado, sino que lo marcan con su sello, precisamente en cuanto éste es un Estado nacional, o sea, el resultado del proceso nacional de la lucha de clases. De modo precario, fragmentado, deformado —en estado de defensa alarmada, como dice Gramsci—, en suma, subalterno, las luchas y las resistencias populares están también inscritas en el Estado, y encuentran siempre vías para quebrar el silencio y la represión que éste abate sobre su memoria. La lucha por la constitución de una hegemonía de alternativa a la de la burguesía es por eso, igualmente, una lucha por el campo de lo nacional, por la recuperación y resignificación de la historia, de las historias, lo que confiere al tránsito al socialismo una dimensión nacional “.

Con esto AnaRi rebasa el empantanamiento teórico del marxismo en la cuestión nacional. Su propuesta vuelve a reivindicar la disputa nacional en un horizonte socialista, como lo hicieron los antiguos militantes de liberación nacional y que en Latinoamérica resumíamos bajo la consigna “Patria o muerte”. Y recupera desde otra perspectiva las preocupaciones sobre la descolonización cultural y la recuperación de la historia que tenía Amilcar Cabral, pero dándole un significante dentro la lucha de clases. La cultura y la memoria de las clases subalternas se vuelven elementos de vital importancia para construir una contrahegemonía que disputa la nación frente a la burguesía nacional, pero también frente a las oligarquías neocoloniales que son aliadas locales del imperialismo y gestionan el despojo y la explotación de nuestros pueblos, por lo cual se nos presentan como los enemigos principales en la mayoría de los países latinoamericanos.

¿Qué pasa con el mundo indígena?

Comprender al mundo indígena como parte de las clases subalternas que pueden disputar la nación es de vital importancia en países como México, donde 25 millones de personas (20% de la población total) se reconocen como indígenas6 –según fuentes oficiales que siempre son números subestimados-, donde lo indio suele estar vinculado a la posición de clase y donde han sido los pueblos indígenas la principal fuerza de insurrección a lo largo de las Revoluciones de nuestra historia. Una lectura superficial sobre la obra de AnaRí nos haría pensar que su perspectiva sobre la nación deja sin lugar al mundo indígena. Sin embargo, creo que las coordenadas que ella nos brinda son útiles para comprender la situación previa a la invasión castellana y, sobre todo, el desarrollo de los pueblos indígenas posterior a la colonización. Plantearé mi interpretación desde las claves teóricas ya descritas anteriormente.

En el caso de las sociedades de matriz  Mesoamericana la cosa cambia. Ellas sí que tenían división de clases* y formaciones estatales precapitalistas, que lo eran a pesar de estar acotadas por estructuras comunitarias como el Altepetl. En estas sociedades también se erigieron  clases dirigentes guerreras y religiosas que buscaron legitimar su coerción. Si bien todas las culturas mesoamericanas tienen elementos comunes por formar parte de la misma matriz civilizatoria, sus Estados precapitalistas también marcaban delimitaciones territoriales que les diferenciaban del exterior y buscaban cierta homogenización al interior con sus propias instituciones educativas y religiosas. Aunque todo esto no fue desarrollado de manera tan profunda como en la sociedad burguesa, creo que estamos habilitados para hablar de aquellos pueblos en términos de naciones premodernas. Después de todo, la nación presupone la existencia de las clases y las clases presuponen la formación de la nación.

Ahora bien ¿Qué pasa con los pueblos indígenas después de la colonización? ¿Son naciones? Esta es la parte difícil del análisis, pues requiere de estudios profundos y concretos de cada uno de los 68 pueblos indígenas. A sabiendas de que el debate quedará abierto, plantearé algunas breves consideraciones iniciales:

La violencia colonial destruyó los estados mesoamericanos y también a muchas naciones, las cuáles fueron reducidas a fragmentos de su cultura y costumbres que lograron ser rescatados con heroicidad al interior de las comunidades sobrevivientes por más de 500 años. A ese conjunto de naciones destruidas que sobrevivieron como identidades étnicas, les podemos llamar nacionalidades para evitar confusiones conceptuales con el término nación que aquí se ha manejado. No son naciones en el sentido de que no conforman actualmente un sistema de hegemonía que unifique diversos grupos y clases sociales con una perspectiva común de futuro. A veces sucede que las poblaciones que reproducen aspectos culturales de tal nacionalidad están geográficamente dispersas, por lo que no hay un territorio y, quizás más doloroso aún, su memoria histórica está gravemente mutilada. Esas nacionalidades no possenla historización de un territorio ni  la territorialización de una historia ¡He ahí otro de los terribles crímenes del colonialismo! Algunos pueblos indígenas que se encuentran en una situación similar a la descrita son: los kumiais, olutecos, tepehuas, ayapanecos, guarijíos, tlahuicas, kikapúes, awakatekos e incluso los popolocas.

Sin embargo, algunas naciones mesoamericanas resistieron el embate a pesar de haber perdido sus respectivos estados y buena parte de su territorio. Lograron reproducir su memoria histórica, organización política y productiva, impartición de justicia y legitimación de mandos, modos de vida, lengua, tradiciones, mitos y demás elementos culturales e ideológicos vinculados directamente con la civilización mesoamericana. Por supuesto  estas naciones sobrevivientes no se mantuvieron intactas, sino que son formas modificadas, mutiladas y acotadas en su expansión por la violencia colonial ¡Pero vivas! Estas naciones muchas veces han incorporado  de manera directa o sincréticamente elementos del invasor, también han cambiado constantemente sus estrategias de lucha según la coyuntura histórica. En ese recuperar  su “personalidad histórica”, estas naciones indígenas pasaron por los intentos por marcar su presencia en el Estado-nacional mexicano en los grandes movimientos revolucionarios  hasta las apuestas por la autonomía y la creación de nuevas instituciones. Esto es particularmente evidente en los pueblos mayas y purépechas.

En resumen, creo que no todos los pueblos indígenas son naciones en sentido estricto, si no nacionalidades. Sin embargo, existen otros pueblos que sí son naciones indígenas y que a lo largo de la historia han buscado la forma de salir del enquistamiento al que las forzó la violencia colonial y neocolonial. Por ello y por una reivindicación política,  podemos llamarlas naciones indígenas, sin temor a caer en un fetichismo que pueda ser poético pero poco útil en la lucha. En un ejercicio puramente pedagógico las llamaré antiguas naciones, en referencia a que existían mucho antes de que los criollos conformaran la nueva nación burguesa y el  Estado-nación mexicano. Esta perspectiva conceptual nos ayudaría a “traducir” con otra óptica los valiosos aportes de Guillermo Bonfil Batalla en su México Profundo: una civilización negada, un libro que ha impactado a generaciones de mexicanos y mexicanas.

Un breve diálogo con Guillermo Bonfil Batalla

Bonfil Batalla sostiene que en el México actual coexisten dos civilizaciones que se han encontrado en perpetuo conflicto desde hace 500 años: la mesoamericana y la occidental. La civilización mesoamericana se expresa fundamentalmente en los grupos indígenas y en una porción mayoritaria de aquellos que se conciben como mestizos; Bonfil Batalla sostiene que “los mestizos forman el contingente de los indios desindianizados”6.  A todo este espectro social le llama el México Profundo. En contra partida, la civilización  occidental de los europeos se ha expresado en las clases dominantes que sostienen el proyecto liberal-capitalista, al cual llama  México Imaginario. Este México Imaginario ha sido dominante y se alza contra el México Profundo, no existe tal fusión de civilizaciones que genere una nueva con lo mejor de ambas, lo que tenemos es una sociedad colonial donde el colonizador y colonizado se han enfrentado permanentemente y a veces de manera violenta:

“Tal enfrentamiento no se da entre elementos culturales, sino entre los grupos sociales que portan, usan y desarrollan esos elementos. Son esos grupos que participan de dos civilizaciones distintas, los que a lo largo de medio milenio han mantenido una oposición constante, porque el origen colonial de la sociedad mexicana ha provocado que los grupos y clases dominantes del país sean, simultáneamente, los partícipes e impulsores del proyecto occidental, los creadores del México imaginario, en tanto que en la base de la pirámide social resisten los pueblos que encarnan la civilización mesoamericana, sustento del México profundo. La coincidencia de poder y civilización occidental, en un polo, y sujeción y civilización mesoamericana en el otro, no es una coincidencia fortuita, sino el resultado necesario de una historia colonial que hasta ahora no ha sido cancelada en el interior de la sociedad mexicana. Una característica sustantiva de toda sociedad colonial es que el grupo invasor, que pertenece a una cultura distinta de la de los pueblos sobre los que ejerce su dominio, afirma ideológicamente su superioridad inmanente en todos los órdenes de la vida y, en consecuencia, niega y excluye a la cultura del colonizado”7

Lo que expone Guillermo Bonfil Batalla va a tono con la teorización de AnaRí en torno a la nación. El México imaginario es un nombre desafortunado, porque pudiera relacionarse con aquellas posturas que consideran la nación como una invención ideológica y nada más. El México imaginario es muy real. Pero si entendemos México Imaginario  como la nación burguesa que fundan los criollos en la independencia de 1821 dando lugar al Estado-nacional mexicano que logra estabilizarse con las reformas juaristas, podemos darle más definición al problema. El México Profundo, son pues las antiguas nacionalidades y naciones indígenas  que se encuentran al interior del Estado-nacional en modo de resistencia y por lo cual no han podido ser incorporadas completamente – o erradicadas- por la homogenización interna.

El reto que nos plantea Guillermo Bonfil Batalla es como trascender la estructura colonial del actual proyecto nacional dominado por el México imaginario, el cuál niega sistemáticamente al México Profundo. Para él, dicho en las coordenadas de AnaRí, la única salida es la configuración de una contrahegemonía  bajo dirección de aquellas antiguas naciones – portadoras de la civilización mesoamericana y vinculadas históricamente con las clases trabajadoras- que le dispute el proyecto nacional a la burguesía y la oligarquía neocolonial:

“De lo que se trata, pues, cuando se propone aquí una reflexión sobre el dilema de la civilización en México, es la necesidad de formular un nuevo proyecto de nación que incorpore como capital activo todo lo que realmente forma el patrimonio que los mexicanos hemos heredado… En fin, lo que requerimos es encontrar los caminos para que florezca el enorme potencial cultural que contiene la civilización negada de México, porque con esa civilización, y no contra ella, es como podremos construir un proyecto real, nuestro, que desplace de una vez para siempre al proyecto del México imaginario que está dando las pruebas finales de su invalidez”7.

La salida del Estado Plurinacional

Para las y los militantes latinoamericanos que ponemos a la nación y la democracia  en la centralidad de una estrategia de transición prolongada al socialismo, se nos abre una pregunta que no es menor ¿Cómo disputar la nación en una perspectiva anticolonial? ¿Cómo cabalgar la contradicción inserta entre en la homogeneización etnocida del Estado-nación y la diversidad de antiguas naciones al interior del pueblo? En los años 80 Guillermo Bonfil Batalla desde México adelantaba su respuesta teórica: la construcción de un Estado Multinacional. Y eso, pero con el nombre de Estado Plurinacional, es lo que se está construyendo en Bolivia.

El Estado Plurinacional de Bolivia es una apuesta por la descolonización en un horizonte socialista y de cuño antiimperialista. El Estado-nación colonial fue transformado en sus estructuras por la revolución política que llevó a la presidencia a Evo Morales tras poderosas movilizaciones populares. En el Estado Plurinacional las naciones indígenas de Bolivia son dirigentes, cada una de ellas tiene peso en la correlación de fuerzas al interior del estado para la toma de decisiones administrativas y en la irradiación de nuevos sentidos comunes en el conjunto social. En el estado plurinacional están presentes las antiguas naciones y nacionalidades de Bolivia, pero también las representaciones de las clases trabajadoras que se consideran mestizas. Por supuesto que existen ahí las representaciones de la oligarquía, pero estás ya no son hegemónicas, ya no dirigen.

Álvaro García Linera, ex vicepresidente del Estado Plurinacional de Bolivia y dotado intelectual marxista, explica que para que este nuevo Estado tomara lugar se requirió de irrupción plebeya que logró disputar hegemonía. El sujeto histórico de esa irrupción fue el movimiento indígena en articulación con los barrios populares urbanos,  en donde el movimiento obrero logró encontrar espacio. Esta fuerza plebeya demostró capacidad de movilización: marchas, asambleas, bloqueos, toma de instituciones. Un gran repertorio de acción colectiva que colocaron a esa identidad plebeya  como una fuerza que se expandía en las calles pero también, y esto es fundamental,  en la construcción de un nuevos sentidos comunes. Este sujeto social plebeyo, dirigido por el movimiento indígena y de los barrios urbanos,  propone a la sociedad otros esquemas de ordenamiento del mundo, a saber: a) Nacionalización de recursos naturales -como propuesta ante la fallida experiencia neoliberal- b) Gobierno indígena -como modo de superación de la sociedad colonial-  y c) Asamblea constituyente -para resolver los conflictos en el terreno de la democrático y no en la guerra civil8.

Todo lo anterior plataformó una contrahegemonia que comenzó a ganar batallas ideológicas en la modificación del debate público y que inevitablemente se enfrentó al proyecto hegemónico de nación dirigido por el bloque neoliberal. Álvaro García Linera continúa explicando que, en el proceso de disputa hegemónica por el proyecto de nación,  existe un momento de definición física relevante para la derrota política del adversario, no siempre de enfrentamiento directo pero sí de demostración de una fuerza social con capacidad de acción física. Inmediatamente después de esa victoria se vuelve a irradiar la hegemonía, pero esta vez incorporando al adversario derrotado. García Linera resume la formula como “Gramsci – Lenin – Gramsci. Es decir: guerra de posición, guerra de movimientos y nuevamente guerra de posición”.  Este fue el proceso para colocar un nuevo proyecto de nación hegemónico, dirigido por el movimiento indígena y las clases trabajadoras. Uno de sus resultados fue la edificación del Estado Plurinacional, que en el caso boliviano tiene las siguientes características8:

1. Sistema político ampliado. Parlamento clásico y un flujo extraparlamentario de tipo asambleario con los movimientos sociales.

2 Indianización del estado. Se considera a los pueblos indígenas como naciones preexistentes al Estado boliviano. No etnias, no culturas, si no naciones. El estado nacional boliviano unifica a todos y todas, en ese sentido indígenas y no indígenas siguen siendo bolivianos, pero reconociendo que existen otras naciones al interior del territorio del Estado y que esas naciones se articulan con el conjunto de la sociedad boliviana para lograr acuerdos democráticos dentro del aparato estatal. El Estado se indianiza en términos de la historia, simbología, distribución de recursos y el reconocimiento de las naciones indígenas como sujetos de derecho colectivo.

3. Economía plural. Bolivia tiene cuatro formas de generación de riqueza: mercantil urbana, industrial, campesina tradicional y la comunitaria. No se busca que alguna de ellas desplace a la otra, si no que se  apuestas a que cada una tenga sus propios ritmos de desarrollo.

4. Construcción democrática del socialismo. No se entiende al socialismo como la estatización de los medios de producción, si no como el desarrollo  de formas de vidas y producción de riqueza más comunitaria, donde el Estado apoya dicho proceso. Se entiende así la tarea de la revolución ccomo procesos prolongado de transición al socialismo que busca el desborde de la sociedad en la participación de toma de decisiones.

En Bolivia, los pueblos indígenas recuperaron su vocación de poder y se propusieron conformar un bloque histórico dirigido por lxs indios y las clases trabajadoras.  Si bien el Estado Plurinacional es una experiencia que comienza mostrar sus límites y contradicciones9, tiene el gran mérito de demostrar que el rompimiento con el modelo neoliberal y la ampliación de bienes comunes es perfectamente viable. Sin duda es una de las grandes propuestas que tendríamos que considerar en países como México. En el Estado Plurinacional hay una salida latinoamericana y anticolonial  a la cuestión nacional, que se anuda con la democracia y el socialismo. En Bolivia es tiempo de las y los indios.

Conclusiones

La cuestión nacional de Ana Ri es una herramienta teórica sofisticada pero también una herramienta para la acción, porque no busca a la nación en una escencia, si no en un proceso de lucha. Creo que Amilcar Cabral también estaría de acuerdo en ello, pues el desarrollo teórico de Ana Ri es complementario a las preocupaciones de aquellxs militantes de los movimientos de liberación nacional. En la perspectiva de AnaRi se pueden encontrar la importancia de  elementos culturales y la recuperación de la memoria histórica que interesaban a Amilcar Cabral y a su generación para dar la disputa nacional, sin el riesgo de caer en  purismos étnicos y poniendo todo ello dentro de la lógica de la lucha de clases.

Diría algo más: considero que Ana Ri nos brinda una actualización latinoamericana de la herencia de los movimientos de liberación nacional. Su teoría nos da herramientas prácticas para la disputa por la nación en tiempos del neoliberalismo, sin abandonar el antiimperialismo y la perspectiva socialista.

Enfatizamos la dimensión nacional del tránsito al socialismo, mediante la construcción de una hegemonía diferente a la burguesa y de orientación anticapitalis­ta. La importancia de la cuestión nacional radica más como problema político, pues responde a estrategias y tácticas que aglutinen inmensas fuerzas sociales en el camino de la emancipación humana y la lucha por el socialismo. En esa línea, resaltamos dos cosas: 1) Que las clases trabajadoras sí tienen Patria, que no son homogéneas a nivel mundial pues en cada nación se ven atravesadas por el sistema hegemónico específico de sus burguesías y 2) En la disputa por la nación y la hegemonía, el legado cultural e histórico de los pueblos indígenas es un sedimento basal con potencias enormes en los países latinoamericanos con una gran densidad de población indígena.

Siguiendo en ese orden de ideas, me parece importante recuperar los aportes de Guillermo Bonfil Batalla sobre el México Profundo y reivindicar el Estado Plurinacional como una salida política latinoamericana a la cuestión nacional, que va a tono con las tradiciones de los movimientos de liberación nacional del siglo XX, al recuperar “la personalidad histórica” de esos pueblos que la colonización ha negado sistemáticamente. Sin duda, el Estado Plurinacional puede ser cabalmente comprendido con el marco teórico que nos ofrece de AnaRi.

Bibliografía:

1. Ernesto Guevara. Mensaje a la Tricontinental.

https://new.oceansur.com/media/uploads/catalogue/publications/books/crea-dos-tres-vietnam.pdf?fbclid=IwAR2R678YTydxDgZzD0EMbDzs4ZJYWXbgUz3IsnhzFgJCp9Q51BS4dDHJjaA

2. Amilcar Cabral. Fundamentos y objetivos de la liberación nacional en relación con la estructura social.

3. Amilcar Cabral. Discurso en memoria del Dr. Eduard Monlane, dirigente del Frente de Liberación de Mozambique. https://www.blackpast.org/global-african-history/1970-amilcar-cabral-national-liberation-and-culture/

4. Ana María Rivadeo. El marxismo y la cuestión nacional. Artículo.

http://cipec.nuevaradio.org/b2-img/RIVADEOmarxismoycuestionnacionalArticulo.pdf?fbclid=IwAR1FNyQQ5eii1uQN1AxVkYorP5HPgyaWzueD7CRKFcGg186YTGVXi0c89Nk

5. Ana María Rivadeo. El marxismo y la cuestión nacional. Libro.

https://drive.google.com/file/d/16RlWQu9NFfkMHjtQfUgpobhLdR-YJxHE/view?fbclid=IwAR2TYxqHiJNgpxCxWnkHgW23Da0aSc9tJ2cFER2Tj89ReDG2DwYR04GI70U

6. Instituto Nacional de Lenguas Indígenas. 2019.

https://www.inali.gob.mx/comunicados/701-2019-02-08-15-22-50.html

7. Guillermo Bonfil Batalla. México Profundo: una civilización negada.

https://enriquedussel.com/txt/Textos_200_Obras/Filosofias_pueblos_originarios/Mexico_profundo-Guillermo_Bonfil.pdf

8. Álvaro García Linera. Conferencia Magistral: “Comunidad, Socialismo y Estado Plurinacional”

9. Alvaro García Linera. Tensiones creativas de la revolución.

https://www.bivica.org/files/tensiones-creativas.pdf

Pie de página:

  • *En Mesoamerica ¿Había clases sociales o castas? La respuesta a esta pregunta es de vital importancia para caracterizar las sociedaes de esta parte del continente previas a la invasión europea. Dejaremos pendiente este debate.
  • La imagen que acompaña el texto fue creada por Saner. Su trabajo lo puedes encontrar en: https://www.instagram.com/saner_edgar/?hl=es

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