Pandemia y espacio social: revistando la teoría de la acumulación por desposesión

La dispersión acelerada del coronavirus SARS-CoV-2, causante de la enfermedad COVID-19, se dio por medio de los diversos espacios, redes y flujos de mercancías y personas que se han configurado dentro de la sociedad capitalista en los últimos treinta años. Este tipo de espacialidad es producto de la intensa globalización de esta sociedad, la cual provoca el desplazamiento de las cadenas de producción de mercancías de tal modo que una empresa de automóviles italiana puede instalar una fábrica metalmecánica en China al tiempo que instala una de ensamblaje en México. Con este mismo modus operandi la globalización capitalista condujo el virus del COVID-19 de Wuhan hacia Roma y después a Sinaloa (lugar en donde se registró el primer caso en México).

La espacialidad de esa globalización ha generado escalas sociales diferenciadas que se ejercen “verticalmente” (de lo global a lo local) desatando un mosaico de sinergias y contradicciones “horizontalmente”. De esta forma, la producción de este espacio contradictorio pone en evidencia el grado de desarrollo desigual y combinado de la sociedad misma, así como las implicaciones de la serie de ajustes que el capitalismo global ha intentado implementar, tanto en el espacio como en el tiempo, para solucionar el problema severo de sobreacumulación que padece desde la década de los años setenta.

Harvey1 explica que la sobreacumulación en un determinado espacio nacional presupone un excedente de trabajo (creciente desempleo) y excedente de capital (manifestado como una sobreabundancia de mercancías en el mercado que no pueden venderse sin pérdidas, como capacidad productiva inutilizada o excedentes de capital en la forma dinero que no cuentan con alguna oportunidad de inversión productiva y rentable). Las salidas que se presentan para poder absorber estos excedentes son: a) la inversión de capital en proyectos de largo plazo o gastos sociales como la educación o la investigación (desplazamiento temporal); b) la apertura de nuevos mercados, nuevas capacidades productivas y nuevas posibilidades de recursos y de trabajo en otros lugares (desplazamiento espacial); o c) alguna posible combinación de (a) y (b).

La conjunción (a) con (b) sería el ajuste espacio-temporal que el capitalismo global busca realizar mediante la inserción de capital fijo inmovilizado en el espacio construido. Este hecho le brinda las infraestructuras físicas necesarias para que la producción y el consumo se realicen en el espacio y el tiempo. Tales infraestructuras son los parques industriales, puertos, aeropuertos, vías de comunicación y sistemas de transporte, hasta las redes de distribución de agua, obras de drenaje, producción de vivienda, hospitales y demás.

Es así que el ajuste espacio-temporal aparece como una solución a las crisis capitalistas mediante el desplazamiento temporal y la expansión geográfica. La producción del espacio, la reconfiguración de nuevas divisiones territoriales de trabajo, la creación de nuevos y más baratos complejos de recursos y de nuevos espacios dinámicos de acumulación de capital y de penetración de relaciones sociales, así como la plenitud de arreglos dentro de las instituciones estatales a favor del capital (reglas contractuales y esquemas de privatizaciones) es lo que, en ciertas formaciones sociales, han constituido algunas de las varias formas de absorber los excedentes de capital y trabajo.

Harvey señala que varios de estos ajustes funcionaron debido al desarrollo geográfico desigual producido bajo la globalización capitalista, como lo fueron los ajustes llevados a cabo de formas siniestras en el sur y este de Asia y luego en América Latina (Brasil, México y Chile). Pero este relativo éxito también se debe a las prácticas coloniales que han implementado los países desarrollados y las instituciones financieras globales bajo el discurso neoliberal del libre mercado. El FMI, el BM y la OMC obligan a las naciones del subdesarrollo a formar parte de estos ajustes espacio-temporales. Para una gran parte de estas naciones, aceptar el ajuste implica someterse a medidas económicas de saqueo de recursos naturales estratégicos y de la mano de obra barata a través de megaproyectos de infraestructura.

Sin embargo, hemos presenciado que dentro del ciclo de impugnación al neoliberalismo en América Latina, el cual comenzó hace ya dos décadas, varios gobiernos de naciones sudamericanas no aceptaron los recientes ajustes espacio-temporales del capitalismo global y eso les ocasionó una lucha interna frente a sus burguesías locales, así como una lucha externa frente a los aparatos de dominación financiera. Pero algunos otros gobiernos tuvieron que acceder a los ajustes, bajo ciertos términos, provocando de esta forma una serie de tensiones en el seno del Estado y de contradicciones en las pretensiones de su proyecto político, lo que llevó a un enfrentamiento en contra de las fuerzas plebeyas de cada uno de estos países.

De ahí que tome relevancia otro concepto que Harvey ha desarrollado: la acumulación por desposesión. Retomando la teoría general de la acumulación de capital de Marx y la obra “La acumulación del capital” de Rosa Luxemburgo, Harvey explica que para que se lleve a cabo un ajuste espacio-temporal es necesario un proceso de acumulación en el que las clases populares son desposeídas de un conjunto de bienes, servicios y de las victorias sociales que han conseguido a través de los años, tales como el acceso a la vivienda, la pensión, las prestaciones laborales, entre otras. Así, la acumulación por desposesión presupone una serie de prácticas de despojo, depredación, privatización e incluso corrupción en las funciones político-administrativas dentro del complejo institucional estatal para dar paso a la ampliación del espacio de acumulación de los capitales nacionales y transnacionales. De esta forma es que los ajustes espacio-temporales tienden a depredar los recursos estratégicos por medio de la acumulación por desposesión de la tierra, del agua, de los recursos forestales y hasta del viento.

A pesar de que existen varias críticas y debates en torno al concepto de acumulación por desposesión, lo fundamental para comprender las implicaciones de los llamados ajustes se encuentra en la génesis de la concepción del concepto mismo; esto es, en las relaciones y prácticas que se gestan dentro del complejo institucional estatal para poder desposeer a las clases populares. Porque en momentos decisivos de la disputa hegemónica, los cuales pueden llevar a una fuerza política progresista a la toma del poder ejecutivo, colocar la voluntad nacional-popular dentro de estas relaciones y prácticas es crucial para ponerle un freno de mano a las pretensiones de los grandes capitales.

Antes de la llegada del COVID-19, este modelo de acumulación de capital ya se encontraba en grandes dificultades. Y es que se presentaron protestas tanto en América Latina (dentro del octubre rebelde de 2019) como en Medio Oriente (particularmente en Beirut), en las cuales las clases populares se opusieron a los ajustes estructurales que sus respectivos gobiernos intentaban aplicar para mantener el modelo económico dominante. Aunado a ello, y como una especie de estocada, a un mes de haberse iniciado la pandemia los mercados bursátiles se cayeron. Sin embargo, no tardó nada esta caída y los mercados alcanzaron nuevas alzas en muy poco tiempo.

Dicho todo lo anterior, claramente podemos decir que la pandemia del COVID-19 no ha tocado en lo absoluto el modelo de acumulación de capital. Pero las implicaciones que ha desencadenado la misma anuncian que se viene una violenta ofensiva del capitalismo global mediante la acumulación por desposesión a través de una serie de ajustes espacio-temporales. El crecimiento acelerado del desempleo en nuestra región y la sobreacumulación de mercancías generada en lo que va la pandemia, aunado a que algunos recursos estratégicos como el agua comenzaron a cotizar en Wall Street, son procesos que pueden devenir en un conjunto de ajustes espacio-temporales dentro de la era post-COVID.

Referencia:

1 Harvey, D. (2005). El “nuevo” imperialismo: acumulación por desposesión. En Socialist register (pp. 99-129). Buenos Aires, Argentina: CLACSO.

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