Periodismo crítico: una salida política para la actualidad

Por: Ricardo Gutiérrez González

El 3 de marzo de 1917 Vladimir Ilich Ulianov y Nadezhda Krúpzkaya se enteran de las revueltas ruso-proletarias de febrero gracias a la prensa: “…caminamos rápidamente en dirección del lago y llegamos a un amplio puesto de periódicos donde estaban desplegados todos los diarios -cuenta Nadezhda Krúpzkaya en Mi vida con Lenin- leímos varias veces los telegramas publicados. No cabía la menor duda: era la revolución”. Este dato no es simple y llanamente una pretensión de recuperar al periodismo como un medio de propagación de aconteceres cotidianos mediante elaboraciones que proceden del folklore, es más bien una reivindicación de su importancia histórica como dispositivo de movilización de masas, como una herramienta que sirve a las causas obreras y que, imperantemente, es necesario retomar desde una vertiente crítica y militante para la construcción de una estrategia en la toma del poder. Es decir, el periodismo, en este caso, fue una herramienta -no una práctica, ya que era principalmente ejercida de manera liberal- para la toma del poder. Sin embargo, el periodismo, -al igual que la política- debe, necesariamente, pasar del momento folklórico -del sentido común- al momento de su superación, es decir, la fase crítica y del conocimiento. Es en su fase crítica donde el periodismo no sólo es una herramienta, sino praxis revolucionaria, que no solamente sirve para informar a las clases populares, sino para formarlas, dejando entrever su organización, inteligencia y capacidad consciente de ejercer su autodeterminación.

Sin embargo, uno de los obstáculos que enfrenta el periodismo crítico es su susceptibilidad a la censura. Es así como uno de los principales referentes, no sólo de la política sino del periodismo crítico, tuvo que hacerle frente a la persecución de sus publicaciones, estamos hablando de Karl Marx. Durante su trayectoria como intelectual revolucionario y pionero del periodismo crítico estuvo expuesto al poder coercitivo de las instituciones; desde sus inicios y desde su primera publicación Rheinische Zeitung (Gaceta Renena), pasando por los Deutsche Franzö Sische (Anales Franco Alemanes) y la Newe Reinische Zeitung (Nueva Gaceta Renana), entre otras publicaciones, que fueron sistemáticamente coaccionadas debido a la naturaleza de su contenido, como menciona el periodista Mario Espinoza Pino en Artículos periodísticos de Karl Marx: “Bastaron unas pocas columnas de Marx sobre algunos asuntos polémicos como la libertad de prensa o la miseria campesina para que la administración estrechase el cerco sobre el diario Renano. El vigoroso estilo del joven periodista panfletario al tiempo que profundamente analítico, le convertiría inmediatamente en enemigo de aquella sociedad semifeudal y autoritaria”. La censura como a la que fue sometido Marx y que se ha expandido a diversos tipos de medios libres y críticos, es una práctica del Estado que se ha prolongado hasta nuestros tiempos, pues su capacidad agitadora sigue siendo influyente en los movimientos sociales.

Dentro de la producción periodística de Marx, es notable cómo ésta fue permeando sistemáticamente su aproximación científica de la realidad, sin perder, al mismo tiempo, su acercamiento a un estilo único y original que mantendría un diálogo directo con la sociedad proletaria de su tiempo. El Manifiesto del Partido Comunista, escrito en parte con fines propagandísticos, marcaría su fase más agitadora, además de establecer el camino para su trabajo periodístico posterior: siguiendo a Espinoza Pino “Será después del Manifiesto del Partido Comunista cuando el periodismo de Marx y también el de Engels alcance un nivel mucho mayor en lo que a profundidad analítica y amplitud temática se refiere”, sin ser la única publicación teórica realizada en la prensa, ya que además publicaría otras obras de gran relevancia no sólo periodística, sino teórica, como la Critica a la Filosofía del Derecho de Hegel, Sobre la cuestión Judía e Introducción a la Filosofía del derecho de Hegel. Es en estos escritos periodísticos a lo largo de su formación en donde establecería las bases de un pensamiento científico-crítico, una dirigencia militante en un sentido ampliado que reflejaba el pensamiento de las masas obreras -sobre todo en Inglaterra, ya que fue en este país donde marcaría y relataría el avance del proletariado inglés-, desarrollaría y perfeccionaría la capacidad de un análisis mundial y definiría la importancia y el papel nacional e internacionalista de la difusión dentro de la lucha de clases. La creación literaria de Marx dentro del periodismo tenía un cariz que marcaría además su producción teórica más relevante: El Capital, ya que sus ensayos periodísticos de madurez oscilaban entre el análisis de las crisis histórico-económicas y la caracterización de la constelación de las revoluciones de Europa, es decir, sus notas periodísticas revelaban a la luz de la crítica las condiciones bajo las que se producía el cambio social, siempre poniendo de relieve la consciencia de clase obrera.

De esta manera el dispositivo teórico -científicamente sólido- que había descubierto Marx fue perfeccionando sus notas periodísticas, y a la inversa, sus investigaciones además de notas periodísticas arrojaban más luz y evidencia a su construcción teórica, lo que ayudó a sustentarla. En consecuencia, algunos autores sostienen que el periodismo en la formación del Marx maduro fue la mina de donde extrajo el material para sus planteamientos teóricos más importantes y la médula en donde yacía la sustancialidad de ideas principales en la construcción de su producción más notable. En palabras de Espinoza Pino: “El periodismo de Marx es su laboratorio, su taller en la historia, donde crea hipótesis, recoge datos, elabora acontecimientos y se interroga por las causas de éstos. Es el espacio donde se forjan sus ideas, donde emergen sus posiciones políticas de manera más viva. Uno de los lugares privilegiados para entender la praxis política de Marx y sus procedimientos de investigación”.

La producción periodística de Marx es a la vez una señal de humo que nos indica la larga tradición histórica de hacer periodismo crítico, pero más importante aún, indica que hay una vereda, muy angosta pero relevante dentro de las labores del militante, en la que se inscribe la tarea de cubrir y elaborar críticamente los acontecimientos que marcan la orden del día de la política real, con el afán de despejar el camino y tener clara la configuración de los fenómenos sociales inmersos en la disputa por el poder. Así, Espinoza Pino apunta sobre Marx: “No es la Filosofía, sino su labor periodística la que se implica constantemente en los conflictos políticos, sociales y económicos de su época”. Por ello, el periodismo crítico cobra sentido no sólo para el militante profesional o el intelectual, sino para el agotado trabajador y su familia, para el indiferente, para el pensador “sencillo” e, incluso, para el escueto empresario acomodado que no observa contradicciones o la relación de su creciente capital con la explotación que ejerce.

De lo anterior se pueden rescatar tres aspectos:

Lo primero: desde los inicios del periodismo crítico, existe una tensión político-económica producto de las contradicciones entre éste y los diversos capitales a los que se antepone, y que se manifiesta en la coercitiva persecución, censura y cierre de los medios libres, periodistas, radiodifusoras, gacetas e incluso instituciones y actores sociales legitimados por el estado (como la prensa y periodistas liberales). Esta contradicción es el primer eslabón de la misma crítica, el eje sobre el que se construye la oposición en términos mediáticos.

Lo segundo: el periodismo crítico es un espacio donde se produce parte de la hegemonía y el diálogo formativo de las clases subalternas, haciendo explícitas y abiertas sus demandas, su voluntad popular; su contenido es al mismo tiempo la voz en donde se sintetizan las problemáticas reales con las que el sentido común se identifica. De esta forma, no se limita a la publicación de relatos y eventos, es el espacio ideal para difundir los términos de un análisis político conciso y hacer popular lo impopular, unir el lenguaje científico al lenguaje cotidiano.

Y lo tercero: el periodismo permite ejecutar un análisis con categorías científicas con arreglo a las situaciones reales de las clases trabajadoras y de sus vínculos con las dinámicas de las clases burguesas: relata de manera objetiva -esto es, con el dominio de los significados compartidos- la correlación de fuerzas a la cual hay que producirle una estrategia.

Ahora bien, parece que al periodismo crítico desde abajo no se le presenta un panorama tan alentador, más bien parece que a toda costa se le intenta desaparecer. Es perseguido y censurado, vulnerable en términos de valor de cambio y se enfrasca -al estar inmerso en la derrota de las clases subalternas- en una lucha cuyos resultados son desfavorables. Entonces ¿es posible una producción crítico-periodística que subsane sus desventuradas limitaciones?

En efecto, existen condiciones materiales que permiten y/o frenan el desarrollo y avance de una contrahegemonía, pero para que esta última pueda existir es necesario que lo haga dentro de una organización. Es en la organización militante donde, si bien se siguen presentando dichas limitaciones, existe la posibilidad de hacerles frente, potenciarlas y, hasta cierto punto, minimizarlas, teniendo en cuenta que es la organización el vértice material que permite la seguridad, el sustento de vida material y la positiva posibilidad de que un proyecto periodístico rinda frutos ante una determinada situación antagónica.

Entonces, no hay que abandonar el periodismo como una posible plataforma sobre la que descanse el sistema de comunicación mediática de la organización, que al mismo tiempo establezca un puente firme, de concreto sólido, en el que se planteen las discusiones más relevantes y donde transiten los pensamientos con los que se identifican las clases subalternas, porque al final el periodismo es también parte de la superestructura, la cual se está resquebrajando y que disputamos para su reconstrucción.

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