Zuko y el poder obedencial

Cuando Zuko, príncipe de la nación del fuego, desterró el odio y las inseguridades que le invadían, se encontró con que su fuego control había desaparecido. El avatar Aang le propuso encontrar a los usuarios originales para re-aprender tal arte. Fue así que juntos emprendieron un viaje hasta una antigua ciudad en ruinas  donde habitaban los Guerreros del Sol,  personas que eran depositarias de la cultura primera del fuego control. Este pueblo eran los ancestros directos de la nación del fuego a la cual Zuko pertenecía y protegían a los dos últimos maestros originales: los dragones.

Después de algunas pruebas, los dirigentes del pueblo solar decidieron presentar al príncipe Zuko y al avatar Aang con los maestros. Los dragones les mostraron los secretos del fuego control original lanzando una poderosa llama multicolor que rodeó a los muchachos. Ni uno, ni otro resultaron heridos, por el contrario, algo misterioso se les rebelaba con el crepitar del fuego frente a sus ojos. Al finalizar el ritual, ambos exclamaron con un rostro de asombro y esperanza: ¡Ahora lo entiendo!

¿Qué fue lo que pudieron entender al ver el fuego de dragón? En la serie no lo explican de manera directa, pero yo tengo una hipótesis. Lo que Zuko y Aang pudieron comprender es que el poder tiene dos formas de ejercerse. Por una parte el poder como dominación y, por otra, el poder ejercido de manera obedencial. En seguida desarrollaré mi argumento.

Gracias al tío Iroh sabemos que los elementos de la naturaleza simbolizan distintas cosas: Aire=Libertad, Tierra=Firmeza, Agua=Cambio y  Fuego= PODER. Es por eso que el fuego debe manejarse con sabiduría, pues es peligroso. Según nos enseña el Dr. Enrique Dussel, otro personaje tan sabio como Iroh pero esta vez de la vida real, el poder no tiene una naturaleza maligna, pues la única sede del ejercicio del poder está es el pueblo. El poder, y por tanto la política, tienen como fundamento la vida. Es decir, el poder debe garantizar el buen vivir de la comunidad. Lo que sucede es que el ejercicio del poder se puede corromper.

Dussel nos explica que  un pueblo se ve en la necesidad de delegar su poder de manera temporal a un grupo reducido de personas, debido a que en sociedades numerosas no se puede ejercer el poder de manera directa (¿cómo nos podríamos poner de acuerdo 120 millones de mexicanos en cada decisión de la vida pública?). El poder delegado, a su vez, necesita de instituciones para ser eficiente. Se habla de poder obedencial, cuando las personas elegidas para ejercer el poder que el pueblo les ha delegado sirven a las necesidades del pueblo mismo. Es ahí que la política adquiere su noble labor; servir al pueblo.

La corrupción del poder se da cuando las personas elegidas se asumen como depositarias del poder. Se invierte el mecanismo cuando las instituciones son usadas por ese pequeño grupo para ejercer el poder para su beneficio y a costa del pueblo. Es ahí cuando surge el poder como dominación y la política se vuelve un acto vil; servirse del pueblo. Esa es la dimensión del poder que se ha vuelto hegemónica. Es por ello que grandes sectores del pueblo sientan aversión y desconfianza por  “la política”. También es la razón por la que numerosas corrientes anticapitalistas evaden el problema del Poder y el Estado, “por que el poder corrompe”.

Los guerreros del Sol evidentemente ejercían el fuego-poder de manera obedencial. De la misma forma en que muchas pueblos originarios en la vida real lo hacen. De hecho, la arquitectura de la ciudad del Sol recuerda a las grandes ciudades mesoamericanas. La nación del fuego debió separarse en algún punto de la cultura original y comenzó a ejercer el fuego-poder como dominación. No por nada la nación del fuego se convirtió en una potencia imperialista y colonizadora.

Zuko sólo conocía la dimensión dominadora del fuego-poder. Es por eso que sentía desprecio por su propia nación. Sin embargo, él fue criado en esa cultura y no conocía otra forma alternativa de hacer fuego control. Es por ello que cuando abandonó los sentimientos negativos que le llevaban a tratar desesperadamente  de ser aceptado por sus compatriotas (sobre todo su padre), perdió su habilidad de generar fuego. Desde mi interpretación, lo que hizo Zuko en ese momento fue claudicar a la disputa del Estado   por las contradicciones que le generaba. En esa acción se quedó sin fuego-poder para detener la guerra.

Aang, por su parte, se sentía atemorizado de usar el fuego control porque ya había lastimado seres queridos en sus  entrenamientos. No sorprende que Aang le tuviese temor al fuego-poder, pues era un maestro aire educado en pueblos nómadas (que por tanto no tenían Estado). Él sabía que necesitaba del fuego-poder para detener la guerra expansionista de la nación del fuego, sin embargo las contradicciones del fuego control lo inmovilizaban. Sus principios sobre la libertad le impedían ejercer fuego-control, llevándolo  a la impotencia frente a los invasores.

Los dragones les mostraron a Zuko y Aang que sus ideas sobre el poder eran incorrectas. El fuego-poder podía y debía ser ejercido de otra forma. Zuko recobró su confianza y  bajo el paradigma del poder obedencial se lanzó a recuperar las instituciones de la nación del fuego. Aang por su parte entendió que detener la guerra implica montar contradicciones, que tenía que usar el fuego-poder y que eso no rompía necesariamente con sus principios de libertad. Sin duda Aang y Zuko aprendieron  de los dragones lo mismo que algunos viejitos bonachones, como el tío Iroh y el Dr.Enrique Dussel, nos transmiten hoy de los pueblos  originarios y de Marx mismo.

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